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lunes, 12 de septiembre de 2011

Soy hijo de mi padre!

Hoy estaba pensando bajo la ducha y me dí cuenta que soy muy muy muy parecido a mi padre; él se llama Yiyo y si lo vieran sin conocerlo se darían cuenta que es mi padre aún sin que se los presentara como tal porque salí igualito a él... nadie lo puede negar: Nos paramos igual, tenemos el mismo temperamento, soy tan sedentario como él, soy tan callado como él, tengo el mismo sentido del humor, tengo las mismas entradas, la misma frente, los mismo problemas de visión, hasta el mismo problema con el frío (no podemos pasar frío sin que tengamos problemas digestivos!) nos gusta la naturaleza salvaje, las plantas, los software's y no nos gusta el hardware; somos nostálgicos, somos desordenados, nos entcanta la guarania y no nos gusta demasiado la polka (múscias tradciionales de Paraguay), preferimos las montañas al mar, somos reservados, callados, reflexivos, quietos y pacíficos, tenemos el mismo tipo de cabello (aunque a él ya se les está cayendo, mi abuela siempre dice que tengo el pelo de mi padre); tenemos la tendencia de la misma postura encorvada (aunque me esfuerzo por pararme derecho, pero la tendecia la tengo heredada), la misma forma de quejarnos, la misma contextura física.. en fin, si no conocieran a mi padre, pero me vieran a mí sabrían como es él. Y aunque también tengo muchos rasgos de mi madre y no estoy de acuerdo con todo lo que hace mi padre, soy un calco de él, y lo amo a pesar de todo.
Cuántas veces me dijeron "¿Vos sos el hijo de Yiyo?... sos igualito a tu padre", o cosas por el estilo.
Y saben, estaba pensando eso hoy cuando también vino a mi mente la siguiente pregunta ¿será que también las personas pueden ver soy un hijo de mi Padre celestial? ¿Será que soy tan parecido a él que los demás pueden decir: "la verdad que Oscar es un hijo de Dios"?... me quedé con esa intriga, por mi parte comparto la incognita para que te la hagas y en vez de poner mi nombre puedas poner el tuyo. Realmente es un gran desafío ser hijos de Dios... y no pude evitar que venga el siguiente versículo a la mente:

Pero a los que lo aceptaron y creyeron en él, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Estos hijos no nacieron como nace un bebé, ni por deseo o plan de sus padres, sino que nacieron de Dios.
Juan 1:12-13

No es difícil ser hijo de Dios... porque Dios es quien nos adopta como suyo y nos transforma, la pregunta no es si es posible sino si queremos ser sus hijos, si queremos que Él nos transforme, si queremos ser cómo Él. Y si queremos ser hijos/as de Dios tenemos que entregarnos a Él, y creer que se encargará de nosotros y de nuestro carácter!

viernes, 26 de agosto de 2011

Aunque usted no se lo imagine


Recurrid al Señor y a su poder;
recurrid al Señor en todo tiempo.
Salmos 105:4



¿Cómo estás? Hoy quiero compartir una idea que me ha tomado preso desde mediados de semana. Todo surgió una mañana cuando estaba haciendo mi culto personal. Estaba meditando en lo que dice el salmo 105.
Este salmo trata acerca de las maravillas que hizo Dios a favor de Israel.  Es muy interesante porque es un resumen de la historia del pueblo de Israel desde José hasta el éxodo (salida liberadora) de Egipto.
No pude evitar imaginarme cada una de esas maravillas:

Envió Dios una oscuridad que todo lo cubrió,
pero los egipcios desatendieron sus palabras.
Convirtió en sangre el agua de sus ríos
y mató sus peces; infestó de ranas el país,
y aun la alcoba del rey.
Habló Dios, y nubes de tábanos y mosquitos
invadieron el territorio egipcio.
 En vez de lluvia, envió granizo
y llamas de fuego sobre el país.
Destrozó sus viñas y sus higueras;
¡destrozó los árboles de Egipto!
Habló Dios, y llegaron las langostas;
¡tantas eran, que no se podían contar!
¡Devoraron la hierba del campo
y todo lo que la tierra había producido!
 ¡Hirió de muerte, en Egipto mismo,
al primogénito de toda familia egipcia!
Dios sacó después a su pueblo
cargado de oro y plata,
y nadie entre las tribus tropezó.
Los egipcios se alegraron de verlos partir,
pues estaban aterrados.
Dios extendió una nube para cubrirlos
y un fuego para alumbrarlos de noche.
 Pidieron comida, y les mandó codornices,
y con pan del cielo los dejó satisfechos.
Partió la roca, y de ella brotó agua
que corrió por el desierto como un río…
(Salmos 105:28-41 DHH)

No puedo dejar de imaginarme esas increíbles escenas. Pero por alguna razón en mi imaginación al revivir esa historia mi mente se detuvo en un niño anónimo en la primera noche que pasó el pueblo de Israel en el desierto. Me imaginé que estaba en la entrada de su carpa de pieles frente a su humilde y casi exhausta fogata mientras cenaban. Dicen que el desierto es muy frio de noche que sopla mucho viento, que es silencioso y que es muy oscuro. Pero la noche no era así. Sí, era calma pero no muda, no se escuchaban a las bestias del desierto pero había un sonido. Eran como las llamaradas  pero no venían de las brasas, venían del cielo. Entonces ante el curioso ruido del fuego en el cielo me imaginé a este niño sacar la cabeza por la puerta de la carpa y mirar hacia arriba y entonces quedarse anonadado mirando el cielo, extasiado contemplando el manto de fuego que se extendía sobre el campamento de Israel. Creo que ni bien vio semejante prodigio se le aflojaron todos los músculos de la mandíbula, y ustedes saben que cuando el asombro te deja boquiabierto cuesta mucho pronunciar palabras racionales, pero aún así me imagino que le habrá dicho a su papá: ¿Papi que es esa fogata?, la respuesta fue: es una promesa.
No sé porqué, pero en mi mente seguí avanzando hasta otro prodigioso suceso. Me imaginé al mismo niño, pero esta vez en medio de una gran multitud que se quejaba y reclamaba, tenían sed. Al cabo de un rato los gritos cesaron y poco a poco la multitud se fue dispersando hasta que él pudo ver lo que había pasado. Pero aquel niño no recordaba que había algún arroyo cerca del campamento. Le resultaba difícil entender como podía surgir tanta cantidad de agua de una sola roca. Se lo preguntó a su papá. ¿Por qué sale tanta agua de la roca?, la respuesta fue: por una promesa.

Yo me imagine solo estos dos prodigios, es que los demás ya ni mi imaginación de dan para poder comprederlo. Pero saben, yo no creo que Abraham, Isaac o Jacob se hayan imaginado que las promesas que Dios les hizo hubieran tenido un cumplimiento tan espectacular, ellos confiaron en Dios pero sabes que en cuanto a modos de cumplir promesas Dios siempre los dejaba estupefactos; asique realmente no se que se le hubiera pasado por la mente cuando Dios le dijo a Abraham: "Toda esta tierra te daré", y esto me hace pensar en sólo una cosa: Cuando Dios promete algo lo cumple en grande. El Señor cumplirá sus promesas, Él no miente, Él es veraz; El no falla, Él cumple; El no conoce de imposibles, Él es Todopoderoso; Él no odia ni guarda rencor porque Él es Jesús. Y Él prometió: "¡El que tenga sed, venga a mí; el que cree en mi, que beba! Como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva." (Juan 3:37-38).

Si queremos vivir plenamente sólo podemos recurrir a Jesús, sus promesas nunca fallan y siempre se cumplen, y así como las promesas a los patriarcas se cumplieron de forma maravillosa, Jesús hará maravillas en tu vida si en oración te entregas a Él. Que Dios te bendiga.

viernes, 19 de agosto de 2011

El muñequito de plastilina limpio


Jehová completará por mí lo que ha comenzado. 
¡Oh Jehová, tu misericordia es para siempre;
no desampares la obra de tus manos! 
Salmos 138:8


Hoy estaba haciendo un poco de limpieza en la casa cuando encontré unos mulequitos de plastilinas que habia usadoen la escuela sabática de primarios en la iglesia de Vista Alegre... que divertido fue usar esas plastilinas... hoy 6 años después continúa la historia.

Cuando abrí la bolsa no pense que pudieran estar vivos, pero sí, sí lo estaban, me miraban como abatidas, ya habían sido 6 años que las había dejado en la bolsa y aunque no pareciera mucho tiempo, si lo es para un plastilina. Pero no eran los mismos muñequito de plastilina, cuando las guardé en la bolsa estaban limpios y además me habían tomado mucho tiempo hacerlos: cada uno tenía un rasgo único, singular, a uno le hice un pelo estilo griego con rulitos bien detallados, a otro le puse ojos verdes pero se los diseñe de tal forma que parecían ojos de verdad, a una muñequita le hice un lindo vestido ¡Qué trabajo me dio hacer ese vestido con botones!, y así con cada uno, le había puesto algo único, ninguno era igual al otro...

Pero cuando abrí la bolsa estaban irreconocibles, se habian mezclado los colores, ya no eran plastilinas pueras, estaban manchadas, algunos inclusive tenían mugre pegada... lo que más se les había deformado era la cabeza, alguno ya ni cabeza tenían: estaban mutilados.

Me apiadé de esos muñequitos, me acordé lo mucho que invertí en ellos y lo util que me fueron, depués de todo tampoco habían sido baratos, me costó caro crear esos muñequitos...

Entonces me propuse repararlos... y comencé con el primero, el que peor estaba, el que había sido el muñequito de Moisés, pero de lo que era el muñequito original no se podía reconocer nada, estaba completamente desfigurado. Estaba muy sucio, originalmente tenía una capa blanca pero se había ensuciado mucho con el negro de los ojitos, de hecho, tanto se habían mezclado la capa y un ojo que ese ojo desapareció de su cara asique ahora parecía un cíclope con un solo ojito...y la ropa que había sido una mezcla de blanco con celeste se había fundido de tal forma que se notaban los colores de la ropa pero no tenía forma... y los pies se habían soltado y se habían pegado a otro muñequito que más que hombrecito parecía un agujero negro que absorvía a todos los restos sueltos de otros muñequitos... pobre Moisés, me conmovió. Menos mal que me acordé bien de como lo había hecho porque ya ni boca tenía, pero yo si sabía que le había puesto una.

Y bueno sin lamentar más le hice los arreglos necesarios, le cambié todo; lo separé parte por parte y lo amasé de nuevo ¡Tienen que verlo cómo quedó! Estaba limpito y hasta le hice una sonrisa nueva y su capa esta bien blanquita, no tenía ninguna mancha... asique lo puse sobre una hoja mientras me preparaba para arreglar a otro muñequito y justo cuando cuando lo iba a agarrar me llevé tremenda sorpresa...

Uno de los muñequitos sucios le dijo al muñequito Moises ¿Dónde estabas?, y en seguida otros muñequitos le dijeron que había hecho para quedar tan blanquito como lo era antes, algunos inclusive lo elogiaban diciendole "Estás más blanquito que cuando te hicieron", pero todos, absolutamente todos se preguntaban, cómo había hecho para quedar tan blanquito y limpio. Y entonces el muñequito Moisés les dijo: "-Estube con el amasador; primero me separó parte por parte, me volvió a amasar de nuevo..." "-¿Todo?" "Sí, todito..." "¿Y no te dolió?" "Sí, pero pronto me di cuenta que sólo me quería hacer bien y no le dije nada, y le dejé que me transforme por completo y al final me dejó completito, sólo me dijo que vuelva de tanto en tanto para mejorarme y hacerme mantenimiento"...

Y así fue como casi todos los muñequitos de plastilina hicieron una fila esperando su turno para que los arreglara uno por uno, digo casi porque no todos quisieron ser arrglados, algunos que estaban muy fusionados y que estaban muy sucios no quisieron venir porque decían que para ellos no había arreglo... me dolió mucho pero si ellos querían quedarse así no les iba a obligarlos a cambiarlos, pero lo que mas me dolió es que hayan desconfiado de mi talento para crear; después de todo si yo los había formado a cada uno con tanto cuidado ¿No los iba a re-formar con tanto cuidado y talento cómo antes?

Esta historia tiene una enseñanza para nosotros hoy, y esta es esa moraleja: Si hay alguna creatura, que necesita ser transformado/a para que pueda ser reparada tiene que ir junto a su creador; los muñequitos de plastilina con Oscar; y los seres humanos con Dios.

jueves, 26 de mayo de 2011

Miro el mundo y sus desgracias

...los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: 
Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, 
y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?
Mateo 24:3

Anoche salí del trabajo pensando en el fin. El pensamiento que se me pasó por la cabeza es que pareciera que falta mucho para que Jesús venga. He reflexionado mucho acerca del tema. Y he llegado a una triste conclusión: Falta mucho.

Miro el mundo y sus desgracias; las enfermedades que cubren el mundo con su manto de tristezas, los accidentes, la explotación de los menos favorecidos, el hambre de naciones enteras, las guerras declaradas entre países, entre pueblos, entre personas; el terrorismo y el narcotráfico; la discriminación; la avaricia del hombre que quiere más de su prójimo y de una tierra a la cual se le están acabando sus recursos; las calamidades y desastres que suceden en el planeta: megatornados, megaterremotos, megatsunamis, desastres nucleares, huracanes, megaincendios, sequías, tormentas de arena gigantescas, inundaciones, olas de calor, accidentes ambientales, entre otras cosas que conforme pasan los días agregamos nuevas palabras de sustantivos que representan una desgracia para la humanidad.

Miro el mundo y sus desgracias, y no por ser alarmista, pero la cosa irá empeorando. Y no me llamen fanático, porque en realidad todos sabemos que va a empeorar. El calentamiento global, la deforestación, la contaminación sumada a la negligencia (por no decir ambición) humana han destruido nuestro mundo. Es cierto que no todo está perdido, que todavía hay mucha naturaleza que nos puede sustentar pero sabemos que la ecología se está destruyendo y comparado con el daño provocado son pocos los intentos que hacemos para frenar todo esto.

Mis propias palabras me suenan a un mensaje repetido. ¡Esto ya lo he escuchado! ¡Y por lo menos desde hace 10 años! ¿Pero porqué? Porque sabemos lo que tenemos que hacer como humanidad y no estamos cambiando, en vez de frenar nuestras actividades relacionadas a la quema de combustibles fósiles y otras actividades contaminantes, en vez de disminuirlas las acentuamos. Escucho de planes para cambiar, pero están en el presente de unos poco y en futuro de la inmensa mayoría de los casi 7.000.0000.0000 de habitantes de nuestro mundo. (otra vez esos ecos)

Miro el mundo y sus desgracias y pienso en todo esto: los desastres, las guerras, el hambre y la pobreza, las enfermedades, y no puedo evitar pensar en los famosos versículos de Mateo 24: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.”

Miro el mundo y sus desgracias. Y recuerdo lo que Jesús dijo: ”mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.”

Miro el mundo y sus desgracias y me pregunto ¿Y cuándo será el fin? He escuchado desde que era muy pequeño que antes que Jesús venga habrá una gran persecución hacia los cristianos fieles que sean leales a Jesús. ¿Pero acaso no hay persecuciones ya? Es cierto que actualmente no hay persecuciones como aquellas que el imperio romano emprendió contra los cristianos en los primeros siglos de nuestra era. Pero cualquier cristiano que quiera ser fiel a Dios en este mundo encontrará persecución inmediata. Ya sea por no sumarse a la corrupción, ya sea por sólo ser cristiano, será tachado de fanático, ingenuo, lunático; pero la persecución está ahí, sutil pero ignorantemente generalizada.

Jesús dijo “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”. Creo que en pocas generaciones en la historia de la humanidad el evangelio ha sido predicado como hoy. Hay miles de iglesias cristianas proclamando acerca de Dios. Pero pareciera que mientras más cristianos hay, peor está el mundo, peor está la gente. (más ecos). Pareciera que los cristianos predican del amor de Dios, pero no del amor del cristiano.

Pero Jesús no dijo que el evangelio sería predicado por predicadores, Jesús dijo que el evangelio sería testificado: Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. Las versiones más antiguas de la Biblia dicen “en testimonio”. (Sobre este tema en particular tengo planeado publicar una entrada aparte).

Miro el mundo y sus desgracias. El evangelio no existe para ser solamente predicado, originalmente el evangelio no fue dado para ser hablado, tratado, debatido, cuestionado o teorizado: La esencia del evangelio consiste en ser vivido, y al ser practicado el evangelio es anunciado. Porque un cristiano no puede pasar desapercibido; no por el barullo, sino por su ejemplo, por su testimonio.

Miro el mundo y sus desgracias. Veo su necesidad: la de cristianos que vivan su fe. El mensaje de Cristo, su amor, su paz, su esperanza, su moral, su alegría, su responsabilidad, en el corazón de cada cristiano podría demostrarle a este mundo que Cristo es el camino a la verdadera felicidad.

Miro el mundo, miro sus desgracias y me pregunto ¿faltará mucho para que Jesús venga?, miro mi mundo, miro mi corazón y me indigno. Me doy cuenta que estoy planteando mal la pregunta. La pregunta correcta es: ¿Cuánto faltará para que los cristianos nos entreguemos por completo al Señor? Si contestamos esta pregunta podemos contesta la primera. 


No es problema el tiempo que nos lleve a los cristianos el hecho de predicar. Los primeros cristianos lograron llevar el cristianismo hasta los confines del mundo conocido en 2 generaciones. En sólo dos generaciones todo el mundo sabía quien era Cristo. La cuestión no es cuanto tiempo nos lleve predicar, la cuestión es cuanto timpo no llevará a los cristianos reconsagrarnos a Dios; dejar de lado las cuestiones necias de este mundo para dedicarnos a vivir por Cristo.

Para la venida de nuestro Señor Jesucristo ¿Cuánto faltará? ¿Mucho? ¿Poco? La respuesta depende de mí y de ti.

jueves, 14 de abril de 2011

¿Es amor?

  Mas Dios muestra su amor para con nosotros, 
en que siendo aún pecadores, 
Cristo murió por nosotros. 
Romanos 5:9

¿Cómo saber si lo que siento es realmente amor? Esa es la pregunta que me a inspirado a escribir esta entrada. Por lo tanto hoy vamos a decir unas cuantas cosas acerca del amor verdadero.

Hay muchas cosas que parecen amor y no lo son, el amor genuino es algo raro y difícil de encontrar cuando nos encontramos lejos de Dios porque Él es la fuente de todo amor. Pero ocurre algo que a menudo entristece y es que en muchos sinceros y fieles los hijos de Dios, no tienen amor. ¿Y cómo puede ser esto? Bueno lo que pasa es que hay emociones que se disfrazan de amor pero no lo son: celos, pasión, simpatía, y otras emociones que tal vez sin ser malas, nos dan sensaciones agradables y que muchas veces se las relacionan con el amor, pero como dijimos no es amor. Yo no te puedo decir si lo que sentís es o no amor, pero quiero que veas las principales cualidades del amor. Seguro ya las conoces, pero repasarlas no hace mal:
En primer lugar el amor es sufrido. No es que el amor te hace sufrir, sino que el que ama está dispuesto a sufrir. El que ama es paciente pase lo que pase.
El amor es benigno. El amor hace que reboses de bondad. Te hace rebosar de buenas acciones e intenciones hacia la persona amada. Por eso el amor no es celoso o exclusivo porque los celos tienen como centro lo propio, a diferencia del amor donde el centro es la otra persona. El amor no gira en torno al ego sino al bienestar del otro; por eso el amor no es jactancioso o no se envanece. El que ama no busca exaltarse porque no está centrado en sí mismo sino en el otro.
Y podemos seguir explayándonos en 1 Corintios 13, pero lo que aquí nos interesa es este principio básico del amor: EL AMOR NO SE CENTRA EN UNO. El amor no es una emoción, es una forma de ser. Es un estado en la que persona que profesa amar está dispuesto a compartir cosas, actividades, principios, emociones, es decir, es decir que cuando amas a una persona estás dispuesto a compartir tu vida con ella, sin tener en cuenta si lo merece o no. 
Es cierto que en Corintios se habla del amor Agape y nosotros estamos intentando describir el amor Eros, pero sin el amor Agape, el amor Eros, se convierte solo en Eros, y deja de ser amor, para convertirse meramente en un romance u amorío.
Y es que cualquier tipo de amor, para ser amor se tiene que desprender del amor Agape. Por eso es importante que comprendas el principio básico del amor: El amor no se centra en uno sino en el otro. Por eso el mayor ejemplo de amor es Dios, de Quien se dice: Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:9)
Y es aquí donde la gente se equivoca, porque siente algo y dice: "Yo siento algo por esta persona aunque no debería sentir nada por ella, esto debe ser amor" y no necesariamente lo es. Las emociones son fuertes. Yo les culpo a las telenovelas y a los dibujitos japoneses acerca del mal concepto del amor que hay en nuestra sociedad. Ellos te plantean que el amor es algo así: imagináte que estás viendo una escena en la tele donde hay chica bonita en un puerto al atardecer con un pañuelito de seda en la mano, ella está llorando porque el galán que hacía poco tiempo que había conocido se va en el barco que está por zarpar, entonces él aparece y ella le dice "Te amo por siempre, porque yo siento algo tan fuerte por vos...", se dan un beso y ella le da un recuerdo, y él se va con el recuerdo en el barco y ella queda llorando mientras el barco desaparece en el horizonte, ah, que tiernooo, verdad?. Pero eso no es amor. El amor no se basa en lo que YO siento, porque las emociones van y vienen; y si fuera así entonces el amor deja de ser cuando ya no siento nada hacia la otra persona. No!, definitivamente eso no es amor. El amor pone su interés en la otra persona, en cómo se siente, en su bienestar, no en lo que siento cuando estoy con ella/él.
Es cierto que el atractivo físico, el interés y otras emociones y prioridades suelen atraer a las personas mutuamente, pero es muy feo que te cases con una persona solo por el atractivo físico, el dinero, el estatus social, la conveniencia o cualquier otra cosa, por más buena cualidad que sea. 
Se supone que si vas a compartir tu vida con esa persona es porque deberías haberla conocido profundamente, sus virtudes, sus principios, gustos, puntos de vista, y no solo que te gustó sino porque te gusta compartir tiempo con ella/él. 
También amar es ser consciente de las debilidades y los defectos de carácter que tenga las personas, y no sólo aceptarlos sino también tolerarlos y sólo si te piden ayuda superarlos juntos. Por eso el amor nunca deja de ser, porque nunca terminamos de conocer a la otra persona, nunca se acaban los momentos para compartir, los desafíos para luchar unidos… la vida siempre brinda oportunidades para cambiar.Por otra parte es cierto que hay problemas, no es nuestro tema de hoy las formas de resolver problemas de pareja, hoy me limito simplemente a citar la frase del sabio Salomón: “las muchas aguas no podrán apagar al amor”.
Ánimo, vas a ver que todo va a salir bien en las manos de Dios, no te estreses no sufras de balde, el amor va golpear tu vida, porque escrito está "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora." y "tiempo y ocasión acontecen a todos."
Y las promesas de Dios se cumplen no conforme a lo que nosotros queremos sino cuando Él ve que es mejor para nosotros, mientras tanto podemos pedirle que nos prepare para ese momento. Que Dios te bendiga.
(Este tema continuará… es muy extenso para una sola entrada)

sábado, 25 de diciembre de 2010

La leyenda de la grulla y el cisne

Poned, pues, ahora vuestros corazones
y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios;
y levantaos,...
1 Crónicas 22:19

Una grulla desvió su atención de su labor por un momento, estaba buscando sus preferidos caracoles en el barro cuando vio a un cisne aterrizar en el estanque lodoso donde ella buscaba los moluscos para comer. Pero no tardó en volver a sumergir la cara en el barro y excavar con el pico el fango en busca esos bichos. Enseguida encontró uno pequeñito; y levantando la cabeza llena de fango de un movimiento tiró el caracol hacia arriba y abriendo el pico lo tragó enterito con barro y todo.
El cisne la miró con cierto asco y se acercó a la grulla:
—¿Qué haces?— le preguntó
—Estoy comiendo los deliciosos caracoles que están en el barro de este estanque— respondió la grulla, y casi al instante agregó —¿los probaste alguna vez?
—Sí, reconoció el cisne —pero he encontrado algo mejor de donde vengo, en el Cielo.
—¿El Cielo? —preguntó la grulla —¿Dónde queda el Cielo?
—¿No conoces el cielo? —Contestó sorprendido el cisne
Y entonces el cisne le empezó a contar cómo era el cielo, le relató las magníficas y cristalinas aguas del río que salen del trono de Dios, le describió acerca del espléndido árbol de la vida, la vida de los ángeles y las mil maravillas que allí habían.
Pero la grulla poca atención prestaba y mientras miraba hacia abajo, hacia el barro del estanque, le preguntó al cisne:
—Pero decime, en el cielo ¿hay caracoles?
—¿Caracoles? —repitió el cisne — ¡No! ¡Por supuesto que no hay caracoles!
—Entonces —dijo la grulla mientras volvía a meter el pico en el barro—, tú puedes quedarte con el cielo. ¡Yo quiero caracoles!

En esta vida hay personas que no valoran el cielo ni las bendiciones que Dios quiere darnos, prefieren esta vida y comer “caracoles” antes que estar disfrutando de la dicha de una vida con Dios. Hay una vida diferente, hay una vida mejor con Jesús. Y si estamos dispuestos a dejar el “barro” y los “caracoles”, podemos encontrar la paz que Dios nos quiere dar. Por eso Dios hoy nos llama: "Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios; y levantaos..." a algo mejor.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Perdonado pero no perdonador ¿Perdonado?


"mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas."
Mateo 6:15 

Calculando el sueldo mínimo para la parte austral de latinoamérica sería de unos 390 US$  mensuales. Más hacia el norte descendería a unos 250 US$ como promedio regional. Los paises más pobres (o con peor paga, mejor dicho) pagarían entre 100 y 120 US$. En España es de unos 850 US$. Nosotros lo tomaremos en 250 US$, que sería lo que se paga promedia y aproximandamente en latinoamerica en la región.
¿Y por qué estamos hablando de sueldos mínimos? porque vamos a establecer aproximadamente el valor actual de las monedas en los tiempos de Jesús. 

Según las tablas de equivalencias un jornal era el equivalente a lo que se pagaba a un empleado por un día de trabajo, por eso también se lo llamaba denario su valor era aproximado al de la dracma. Basado en este dato, podemos decir que si queremo saber cuanto valdría un Jornal, debemos dividir lo que ganamos en un mes (250 US$) entre 30, que son los días del mes.Y aquí tenemos nuestra primera relación:

Jornal = (Salario mínimo) / 30
Jornal = 250 US$ / 30
Jornal = 8,33 US$
Osea que el Jornal actual sería aproximadamente un billete de 8.33US$. Había otro valor económico en los tiempos de Jesús que es un poco dificil de calcular y/o imaginar, pero dicen las tablas de equivalencias que valdría unos 6000 drácmas. Osea unos aproximadamente unos 6000 denarios. Se llamaba Talento. Veamos la relación:
Talento = 6000 drácmas
Talento = 6000 * 8.33 US$
Talento = 50.000 US$ 
Un talento es igual a 50000 US$!!!, Imagináte lo que podrías hacer si te dieran un talento para gastarlo en lo que vos quisieras!!, o imagináte lo que pasaría si tuvieras que devolver un talento!!!

Jesús contó una historia de un rey que le había prestado dinero a uno de sus súbdito. El dinero que este hombre le pidió prestado al rey fue la milloranaria suma de 10000 talentos, (osea unos 500.000.000 US$ !!!!), pero aunque er muchisimo dinero el rey se lo prestó. Pasó el tiempo y el rey hizo un balance y se dió cuenta de la deuda de este súbdito suyo; había pasado el plazo del prestamo y todavía no había sido devuelto. El rey mandó a embargar todos los bienes de este hombre para que le pagara la deuda. (me pregunto en que habrá desperdiciado semejante fortuna), pero como el valor de todo lo embargado no llegaba a cubrir el monto de la deuda, el rey mandó a que lo metan preso.

Cuando el hombre se enteróde la orden del rey, solicitó desesperadamente una audiencia con el rey. y en la audiencia le dijo: "Señor, ten paciencia conmigo, te lo pagaré todo". El rey vio las lagrimas de los ojos de este hombre, y lo liberó y le perdonó la deuda.

El hombre le agradeció tanto que me lo imagino hasta besando los pies, tambiñen puedo ver la sonrisa en la cara del rey por haberle perdonado la deuda, hasta seguro que los otros súbditos que estaban presente se habrán quedado sorperndidos porque el rey le había perdonado la deuda a ese hombre.

Pero evidentemente algo no había entendido el perdonado, porque cuando estaba saliendo del palacio, se encontró con una persona, un peon suyo, que le debía 10 denarios (100 US$). Y este hombre no le perdonó la deuda a su peón, sino que lo agarró del cuello con las manos y mientras lo ahoracaba se lo exigió, el hombre le dijo ccon la voz ajustada: "Ten paciencia conmigo, te lo pagaré todo". Pero el subdito del rey no lo perdonó, sino que después de agredirle e insultarle, lo llevó arrastrando a la comisaría y lo metió preso por ladron y estafador.

Lo que no había tenido en cuenta el hombre fue que había otros súbditos del rey a las puertas cuando el le golpeó a su peón. Obviamente quedaron indignados y quedaron triztes. El rey se dio cuenta que algo malo había pasado, preguntó porque estaban así y se lo contaron. El rey se enojó muchsisimo y mandó a llamar al súbdito.

Cuando el súbdito entró no sabía porqué lo habían llamado, el entró como si fuera el súbdito favorito. El rey lo miró y se indignó. Le reprochó: Eres un mal súbdito; ¿No te acuerdaste de toda la deuda que te perdoné? ¿Porqué no le perdonaste a tu peón como yo te perdoné a ti?. Entonces el rey ordenó apresar al hombre y meterlo preso hasta que pague su deuda.

Según David Seamands, la culpa es la culpable de que el súbdito del rey, fuera como fue. El relato bíblico dice que el hombre fue a pedirle una prórroga. Fue a pedirle que le diera tiempo, como si todo la vida le hibiera sido suficiente como para pagar su deuda. El rey sabía de esto y le perdonó; no le dio la prórroga, no le extendió el plazo, no le dio un plan de cuotas para pagar la deuda, se la perdonó entera. No debía pagar ni un centavo de la deuda. El rey se la había perdonado completamente. Pero él salió con la idea de devolverle la plata igual, por eso cuando vio la oportunidad de juntar los primeros 83,33 dólares de 500.000.000, no lo perdonó porque le quedaba mucho para devolverle al rey. ¿Cuál era el problema que tenía el hombre? Que no había aceptado el perdón del rey, no entendió que el perdón del rey es absoluto.

En esta historia el rey es Dios, y cada uno de nosotros su súbditos, y el peón nuestro prójimo. ¿Porqué nos cuesta tanto perdonar a los demás? por la sencilla razón que pensamos que Dios no nos ha perdonado. Pero lo real es que cuando le pedimos perdón sinceramente a Dios, por nuestras deudas, por nuestros pecados y faltas, Dios nos perdona lo que sea, no improta si es algo pequeño como un denario o algo como de 50000 talentos. Dios mira nuestro corazón arrepentido y nos perdona. Dios sabe que no hay nada que hagamos que nos haga mercer el perdón de Dios. No hay nada con lo que podamos pagar nuestra deuda. Lo único que podemos hacer es pedirle a Dios que nos perdone y aceptar su perdón.

El problema no es con Dios, el problema está dentro de nosotros que no aceptamos su perdón y, como tenemos esa cuestión interna de estar proyectándonos en los demás, tampoco perdonamos a nuestros prójimos.

Por eso hoy quiero decirte: Dios está dispuesto a perdonarte, no importa cuan bajo caído y que hayas hecho, Dios puede y quiere perdonarte; todo lo que hagas para ganarte su perdón está demás, lo que tienes que hacer es aceptar tu deuda y su perdón y portarte como un verdadero súbdito de Dios, no para ganerte su perdón (porque ya te habrá perdonado) sino por agradecimiento.(Después de todo, lo que el rey le reprochó fue porqué no había tratado a su prójimo como él lo había tratado).
Hoy es un buen día para regresar ante Dios y pedirle perdón y para perdonar a los otros, pero recibe su perdón primero, y cuando lo recibas representa su perdón.
Mi deseo es que puedas abrirle tu corazón a Dios y aceptar su perdón absolutamente y así tener paz. Que el Señor te bendiga con su perdón, y que su perdón te dé la paz que tanto necesitas.

sábado, 17 de julio de 2010

Las etiquetas del Anfitrión



Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
Salmos 23:5

 
     No sé si les pasó ustedes, pero a mí me cuesta mucho terminar con una reunión con clase, sin que parezca que los estás echando, ¿verdad que es difícil? Por ejemplo, invitas a unos amigos a un cumpleaños en tu casa y ya se terminó de comer y ahora viene la sobremesa con esas típicas conversaciones de anécdotas, pero el tiempo pasa y las anécdotas se acaban. Miras el reloj de reojo y te das cuenta que ya van a ser las 2:00 de la mañana ¡Ya hace 7 horas que esta gente está en la casa y no se quiere ir! Y no es el problema que no se quieran ir, el problema es que mañana hay que trabajar entras a la 7:00 y todavía hay que limpiar las cosas sucias, platos, vasos, el sofá lleno de migas, la gaseosa que se derramo sobre la mesa, y el desorden que hicieron esas pequeñas criaturas de una de las familias amigas que vinieron.
     Miras el reloj y ya estas pensando en las 3 horas que te quedan para dormir, pero aunque la mayoría ya se fue quedó un pequeño remanente que no para de hablar, y entonces se te ocurren 4 opciones para apresurarlos.

1- Sacudes tu mano y te fijas en tu reloj de pulsera y exclamas asombrado: ¿Ya son las 2:30? ¡Qué rápido pasó el tiempo!
2- Te las ingenias para desviar la conversación actual para mencionar el “detalle” de que por la mañana te espera mucho trabajo.
3- Esperas que suceda algún acto imprevisto los motive a levantarse de sus sillas para irse, como el llanto de algún niño para dar la siguiente explicación: “Está chinchudo, es que ya es tarde”.
4- Sutilmente te levantas de la mesa mientras sigues la conversación y te pones a levantar las servilletas los vasos y las migas que quedan en la mesa, dando entender que ya es hora de limpiar todo porque la fiesta se acabó.

     Bueno podrían enumerarse muchas formas dependiendo de la cultura y de las circunstancias, pero en todos los casos siempre es una situación un tanto complicada porque no queremos que las personas a las cuales invitamos se sientan echadas. Por allí podríamos implementar el método que tenían los antiguos para invitar a sus comensales para indicar que todo ya había terminado.
    En los tiempos bíblicos, cuando alguien invitaba a otra persona, el anfitrión era el encargado de proveer no solo la comida sino también del vino. El vino era muy importante que haya en abundancia porque debía alcanzar hasta el final de la fiesta. (Recordemos que en la antigüedad las fiestas duraban muchos días). Porque cuando se dejaba de servir el vino significaba que había terminado la fiesta y que había que irse.
     De la misma manera cuando el anfitrión invitaba a pocas personas o a una sola, el anfitrión le servía en la copa de cada uno el vino. Cuando todo ya había terminado el anfitrión servía solo media copa, indicando así que ya era de irse. Era la forma de decir con clase “ya puedes retirarte”. Así que todo estaba bien mientras el dueño de casa te sirviera la copa llena.
     También era muy curioso la forma elegante que tenían esas personas para mostrar su preferencia por alguno de sus comensales, además de la típica y eterna formalidad de prepara una mesa especial solo compartida con el anfitrión; la forma más sutil de mostrar el agrado hacia una persona en las cenas o fiestas era la siguiente: El anfitrión se acercaba sirviendo normalmente en la copa de cada comensal pero cuando le tocaba servir a esa persona especial, el servía hasta el tope e incluso dejaba que rebalse la copa. Esta era la forma que tenían de decir con elegancia: “Eres más que bienvenido aquí, no quiero que te vayas, quiero que quedes si fuera posible para siempre”.
     Ahora bien, cuando leemos los últimos versículos del salmo 23 sabiendo estas cosas se nos da un claro y tierno llamado de parte de Dios.
     Dios dice que nos preparó una mesa especial, y que en esa mesa hay una copa rebalsada… una copa que representa las palabras de Dios a ti: “Eres más que bienvenido aquí, no quiero que te vayas, quiero que quedes si fuera posible para siempre”.
     Recuerda, eres bienvenido en la presencia de Dios, Dios no quiere que te alejes de El quiere que este con el siempre... ¿Que le responderas?¿Aceptarás la invitación hoy? La respuesta es solo tuya...

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.
Salmos 23:5-6

viernes, 10 de julio de 2009

¿Que dios te librará de mi mano?


¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?
2 Reyes 18:35
Hace 14 años que Ezequías, hijo de Acaz, es rey, su reinado es muy distinto al reinado de su padre, el es un rey muy distinto a sus antecesores, no es cruel como lo era su padre, no adora los mismos ídolos cananeos que su abuelo; es más, al poco tiempo de subir al trono los destruyó a todos y empezó a empezó a adorar a un sólo dios israelita llamado Jehová. Ezequías es un rey muy devoto de este dios y le es tan fiel que mandó a destruir a todos los otros lugares donde se sacrificaban otros dioses ¡inclusive destruyó un símbolo nacional que el pueblo adoraba! parecía un fanático y un intolerante al tomar todas estas medidas tan drásticas pero la verdad es que la nación no era muy consciente al participar de esos tipos de cultos; es más, la mayoría de ellos eran orgías y crueles sacrificios humanos que dañaban las familias y hacían que las personas no sean tan humanas sino que se pareciera a esos dioses perversos a los cuales adoraban. El rey dijo que tampoco debía haber varios lugares de culto para Jehová porque el mismo Dios mandó solo ofrecer sacrificios en un solo lugar; el templo de Jerusalén.
Pero el rey no confiaba en ninguno de esos otros dioses y no adoraba a Jehová de la forma en que se adoraba a ellos, sino que su adoración era una vida ordenada y le daba prioridad en todo a su dios; confiaba que éste le resolvería cualquier problema y por eso le pedía que dirija todo confiando que él se haría cargo. A eso le llamaban fe. La religión de Ezequías es muy rara porque este dios Jehová no tiene una imagen o algún símbolo que adorar, es un dios invisible pero que puede hacer hasta lo imposible y donde sea; no tiene límites y su principal característica es el amor. Es el dios más raro de todos los que haya se haya escuchado por aquellas tierras, más raro que los dioses mitad pescados y mitad hombres o los dioses cabeza de animales como los de Egipto; y eso de ser un dios bueno y justo es lo más raro de todo; a la mayoría de estos dioses irritables hay que ofrecer sacrificios dolorosos para poder complacerlos y así obtener buenas cosechas, familia, dinero o cualquier otro beneficio según la especialidad de cada dios; pero el del rey es un dios distinto que busca la felicidad y el bienestar de sus adoradores y siempre está dispuesto a ayudarlos en lo que sea, y lo único que pide es que confíen en él, eso es rarísimo.
No hace mucho el rey asirio Senaquerib invadió el país, antes ya había expandido su imperio hasta lo que antes era el reino norte de Israel hace 10, aquella antigua fértil tierra ahora está arrasada y su poderoso ejército que solo había llegado a la frontera, la cruzó y en poco tiempo conquistó Laquis, la ciudad más fortificada del país que protegía el camino a la capital Jerusalén. Yo creía que los del sur correríamos la misma suerte que nuestros hermanos del norte, sinceramente ya me estaba dando por vencido.
Cuando me acuerdo de lo que pasó no hace mucho, me dan escalofríos; cada día veía como se iban más y más soldados a las otras fortalezas, cuando caminaba por las calles de Jerusalén apenas había soldados en Jerusalén, solo quedaban los más valientes en la guardia del rey en Jerusalén, pero sus expresiones de miedo no eran más consternadas que las de aquellos que estábamos como arqueros en la muralla. Yo pensé que con el enorme tributo que había pagado el rey Ezequías los asirios nos dejarían paz pero cuando vi al ejercito asirio y los tres estandartes del Tartán, del Rabsaris y del Rabsaces, los tres principales oficiales del rey asirio, subiendo por el camino sur al lado del acueducto tuve un enorme y angustiante miedo; veía como traían todas esas maquinas para asediarnos ¡y nosotros casi no teníamos ejercito! ¡Nos iban a masacrar! Había oído que los asirios eran tan crueles que despellejaban a sus enemigos vencidos y hacían todo tipo de atrocidades con las atrocidades, no podía concebir la idea de que mis hijos fuesen unos esclavos desterrados ¿Qué sería de ellos si tomaban la ciudad? Al ver todas esas hordas de fieros guerreros no podía menos que preocuparme.
Aunque estaban lejos todavía dieron la orden de ir a nuestras posiciones de combates y estar preparados para el ataque; yo ya estaba en la mía sobre la muralla, lo único que hice fue tensar el arco pero como me temblaba el brazo, y como no quería desperdiciar alguna flecha por ninguna disparo accidental, decidí dejar de apuntar y contemplar el ejercito que se aproximaba. Las puertas de la ciudad ya estaban cerradas. Miraba el panorama. Miles de flechas temblorosas apuntaban a la multitud de invasores. Pero ellos se quedaron en su posición y armaron un campamento. Estábamos asediados. Habían dado la orden de volver a sus casa, pero mi me tocó estar de guardia a la tarde, se me había ido el apetito y no quería asustar más a mi familia, asique no fui a casa a comer, me quedé mirando el campamento enemigo. Pasaron los días y una tarde se escucharon unos gritos:
- ¡Rey, Ezequías, sal para que hablemos!

Se abrió una puerta y los oficiales, Eliaquim, Sebna y Joa, tres altos oficiales del rey Ezequías salieron a su encuentro, era el Rabsaces, estaba hablando en nuestro idioma, y les dijo soberbia y fuertemente:
- Dile a Ezequías que el gran rey de Asiria le manda a decir esto: ¿En qué se basa tu confianza? Tú dices que tienes estrategia y fuerza militar, pero éstas no son más que palabras sin fundamento. ¿En quién confías, que te rebelas contra mí? Si tú confías en Egipto, es una caña afilada que si te apoyas en él te traspasara la mano, te defraudará como a todos les hizo, y si dices: ‘Nosotros confiamos en Jehová, nuestro Dios’, ¿no se trata acaso, Ezequías, del dios cuyos altares, al igual que santuarios de otros dioses tú mismo quitaste, diciéndoles a Judá y a Jerusalén: ‘Debéis adorar solamente ante este altar’? Por eso, Ezequías, haz este trato con el rey de Asiria: Ríndete, hazte mi vasallo. Dame rehenes, que yo te protegeré y equiparé contra los egipcios.

Cuando escuche esto me confundí mucho, yo confiaba en el dios Jehová pero las palabras de este hombre me confundían. Tenían mucha lógica. Era evidente que Egipto no era un aliado potencial; ya habían caído otras naciones vecinas aliadas de los egipcios. Y en cuanto a nuestro dios, parecía que todo había sido una idea de Ezequías. La confusión se veía en muchos rostros. La comitiva le dijo al asirio que deje de hablar en nuestro hebreo, que hable acadio porque lo conocían y que ellos le darían el mensaje traducido al rey. Pero entonces el Rabsaces empezó a hablarnos a nosotros en la muralla.
- Escuchen ustedes, los de las murallas, ¡oigan las palabras del gran rey, el rey de Asiria! No se dejen engañar por Ezequías. ¡Él no puede libraros de mis manos! No dejen que Ezequías les persuada a confiar en Jehová, cuando les dice: ‘Sin duda Jehová nos librará; ¡esta ciudad no caerá en manos del rey de Asiria!’ No les hagan caso. Mejor hagan las paces conmigo, y ríndanse. De este modo cada uno podrá estar en libertad hasta que venga y los lleve deportados a un país como el suyo, país de grano y de mosto, de pan y de viñedos, de aceite de oliva y de miel. Así vivirán en vez de morir. No le hagan caso a Ezequías, que os quiere seducir cuando dice: “El Señor nos protegerá” ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones pudo librar a su país de las manos del rey de Asiria? ¿Dónde están los dioses de las naciones sirias? ¿Dónde están los dioses de las naciones hititas? ¿Acaso libraron al reino norte de Israel de mis manos? ¿Cuál de todos los dioses de estos países ha podido salvar de mis manos a su país? ¿Cómo entonces podrá Jehová librar de mis manos a Jerusalén?


Pero nadie le dijo nada, porque el rey había mandado que nadie le conteste. Y cuando el rey y los oficiales escucharon que el asirio comparó a Jehová como un cualquiera de cualquier nación, se indignó y lo demostró rompiendo sus vestidos y ensuciándose con tierra. Y así indignado y sucio se fue al templo de Jehová. Muchos pensaron que estaba con miedo; pero yo que estaba más cerca vi que no tenía miedo ni estaba preocupado, estaba sereno pero se fue rápido. Miré y vi como el asirio montaba su caballo y vi que iba hacia su campamento hasta que uno se acercó y entonces siguió de largo en dirección a Laquis, donde estaba acampando el rey Senaquerib.
Como había terminado mi turno mientras hablaba el asirio no me fui a casa sino que fui al templo a orar, yo pensé que el rey ya se había ido pero todavía estaba allí; lo encontré orando en vos alta:
- Jehová tu eres nuestro dios, ¿Por qué permites que pasen todas estas cosas? ¿Por qué no defiendes tu nombre de esta blasfemia que te han dicho nuestros enemigos?
Entonces entraron al templo los oficiales que había visto afuera de las murallas, y les envió a consultar por una respuesta ante el profeta Isaías. Al cabo de un rato regresaron y le dijeron:
- Así dijo Jehová: “No tengas miedo por lo que escuchaste, ellos me han blasfemado. Pero yo voy a poner un espíritu en él, de manera que cuando oiga cierto rumor regrese a su propio país. ¡Allí haré que lo maten a filo de espada!”

Cuando escuché eso, me quedé tranquilo y me fui a casa a descansar. Pasaron unos días y escuché en la calle de alguien que pasaba que el rey de Etiopia le declaró la guerra al rey de Asiria y que esté se había ido de Laquis con su ejército para hacerle frente. Entonces me acordé de lo que había escuchado en el templo, y aunque todavía estábamos asediados me fui al templo a agradecerle a Jehová por ser tan buenos con nosotros.
Estaba en el mercado regateando los precios excesivos que cobraban los mercaderes por la situación de la ciudad en el asedio, cuando se abrieron una de las puertas y entraron nos hombres muy elegantes, por la vestimenta me di cuenta que eran oficiales asirios, se parecían mucho al Rabsaces en su forma de vestir y en su arrogancia en especial uno que llevaba algo como un rollo firmemente agarrado en las manos. Se fueron escoltados por la guardia hacia el palacio, miraban todos los detalles de la ciudad. Pero pasaron con mucha prisa. Presentí que algo malo estaba sucediendo. Pregunte qué pasaba pero nadie me supo responder; todo el pueblo estaba consternado. Yo seguí haciendo mis compras cuando repentinamente un resplandor leve en lo alto de una muralla me llamo la atención, era la corona del rey que iba pasando por el corredor en lo alto de un muro dirigiéndose en dirección al templo con el mismo rollo que había visto en manos de aquel asirio. Alguien me dijo que los hombres que había visto hace un rato eran embajadores que traían una carta solicitando la rendición de la ciudad. Cuando la noticia cundió por toda la ciudad todos sus habitantes quedamos en silencio. Lo único que se escuchaba era el eco de las fuertes palabras que salían del templo y que retumbaban en cada muralla.
- ¡Jehová, léela! Mira que las extiendo delante de ti; escucha las palabras que Senaquerib ha mandado a decir para insultar al Dios viviente. Es verdad, Jehová, que los reyes asirios han asolado todas estas naciones y sus tierras. Han arrojado al fuego sus dioses, y los han destruido, porque no eran dioses sino sólo madera y piedra, obra de manos humanas. Ahora, pues, Señor y Dios nuestro, por favor, sálvanos de su mano, para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, Jehová, eres Dios.
Parecía que la ciudad estaba muerta, nadie se movía, muchos se había arrodillado otros parados miraban al cielo; de tanto en tanto se escuchaban algunos sollozos. Todos nos preguntábamos si Jehová nos libertaría; muchos dudaban de que fuera un dios real, incluso algunos creían que era como los otros dioses que engañaban a sus adoradores y les hacía el mal. Pero el rey Ezequías no creía en esto, el sabía que era un Dios de amor y confiaba en eso y se notaba en sus exclamaciones, no eran como de alguien que venía chasqueado a reclamar; sino como alguien que convencido que si pedía la ayuda del dios bueno y poderoso Jehová, él se encargaría de todo.

http://es.wikipedia.org/wiki/Senaquerib#Campa.C3.B1a_de_Senaquerib_en_Jud.C3.A1:_historia_y_mito


Esta reflexión está basada en el relato bíblico de 2 Reyes capitulo 18 y 19, pero las citas bíblicas han sido tomas y re-elaboradas a partir de la versión Dios Habla Hoy y la Reina- Valera revisión 1960

Unos pasos como de carrera sobre el muro interrumpieron los pensamientos de muchos y los sollozos de los otros, era el secretario del profeta Isaías, que iba andando urgentemente hacia el templo. Nadie había mandado a consultar al profeta ¿Por qué mandaría un mensaje? ¿Sería que Jehová ya tenía un mensaje de respuesta para Ezequías y para las interrogantes del pueblo? Cuando el muchacho llegó al templo se escuchó la voz del mensajero firme y rotunda que decía:
- Así dice el Señor, Dios de Israel: “Por cuanto me has rogado respecto a Senaquerib, rey de Asiria, te he escuchado. Ésta es la palabra que yo, Jehová, he pronunciado contra él: ‘Sion te desprecia y se burla de ti. Jerusalén menea la cabeza al verte huir.’
¿A quién has insultado? ¿Contra quién has blasfemado? ¿Contra quién gritaste con arrogancia? ¡Contra el Santo Dios de Israel! Has enviado a tus mensajeros a insultar a Jehová, diciendo: ‘Con mis numerosos carros de combate conquiste todo lo prestigioso que conquisté’
¿No te has dado cuenta? ¡Hace mucho tiempo que lo he preparado! Desde mucho atrás lo vengo planeando, y ahora lo he llevado a cabo; por eso tú has dejado en ruinas las ciudades fortificadas; sus habitantes, impotentes, están desalentados y avergonzados.
Yo sé bien todo sobre ti; cuando te sientas, cuando sales, cuando entras, y cuánto ruges contra mí. Y porque has rugido contra mí y escuché tu insolencia, te pondré una grillete en la nariz y un freno en la boca, y por el mismo camino por donde viniste te haré regresar.
Ésta será la señal para ti, Ezequías: ‘Este año comeréis lo que crezca por sí solo, y el segundo año lo que de allí brote. Pero al tercer año sembraréis y cosecharéis, plantaréis viñas y comeréis su fruto’.
Porque de Jerusalén saldrá un remanente, del monte Sión un grupo de sobrevivientes. Esto lo hará mi celo, celo del Señor Todopoderoso.
Yo, el Señor, declaro esto acerca del rey de Asiria: ‘No entrará en esta ciudad, ni lanzará contra ella una sola flecha. No se enfrentará a ella con escudos, ni construirá contra ella una rampa de asalto. Volverá por el mismo camino que vino; ¡en esta ciudad no entrará! Yo, Jehová, lo afirmo. Por mi causa, y por consideración a mis siervos, defenderé esta ciudad y la salvaré.

Toda la ciudad escuchó estas palabras y oraciones de gratitudes brotaron espontáneamente de todas las bocas, aún de aquellos que hasta hace poco tiempo no creían en Jehová. La alegría se veía en los rostros de todos, y lagrimas se vertían por la emoción. Y aunque todavía estábamos asediados, todo el pueblo cantó un himno de victoria. Y cuando cayó la noche, no hubo guardia más que la normal en tiempo de paz. Todo el mundo fue a disfrutar de sus familias y aunque todavía estábamos asediados nos dimos el lujo de disfrutar una cena de festejo pro lo que haría Jehová por nosotros.
Esto no me vas a creer, pero créelo; a la mañana siguiente cuando subí a la muralla no lo podía creer; el campamento de los asirios había sido abandonado y estaba lleno de cadáveres, como si hubieran sido atacados por algo o alguien sumamente poderoso, los que habían sobrevivido salieron huyendo y estaba lleno de comida, porque huyeron con miedo ¡Dios había hecho un milagro!
Por eso te digo mi amigo/a, que el dios de Ezequías es muy distinto a los otros dioses; ahora es mi dios personal, y no adoro a otro, sea persona, animal, cosa o lo que sea; mis problemas solos los remito a Él. ...y claro que después de eso no hubo ninguno en Jerusalén que dude que Jehová es dios, que es bueno y que es justo. Pensalo en hacerlo tu dios también y hacé como Ezequías que todo le confiaba a él.


Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, y volvió a Nínive, donde se quedó. Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y huyeron a tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esarhadón su hijo. (2 Reyes 19:35-37)

En el año 731 AC el rey asirio Senaquerib invadió Judá pero es un misterio arqueológico e hisotrico el porqué no tomó con su poderoso ejército a Jerusalén si pudo conquistar fortalezas más fuertes como Laquis y Hebrón, que eran las principales fortalezas del país y ciudades más fortificadas como Babilonia.
Para más información consultar el aritculo de wikipedia:

miércoles, 9 de enero de 2008

INCLINÓ LOS CIELOS Y DESCENDIÓ

Inclinó los cielos, y descendió;
Y había densas tinieblas debajo de sus pies.

Salmos 18:9

Era una noche, estaba acostado en mi cama cuando abrí la Biblia que estaba sobre la mesita de luz. Estaba marcada ahí... y cuando leí el versículo me llamó mucho la atención el versículo 10 del capítulo 22 del segundo libro de Samuel: “Inclinó los cielos, y descendió; Y había densas tinieblas debajo de sus pies.”
Me llamó mucho la atención este versículo porque dice que Dios descendió, que inclinó los cielos y bajó a la tierra. Meditando en este pasaje, me surgieron dos propuestas para explicarlo y aplicarlo a mi vida personal, y es eso lo que quiero compartir en este momento contigo.
La primera, la obvia, la lógica y la implícita; es que Dios dejó los cielos para ocuparse de los problemas de un vil mortal; después de todo, no es acaso lo que indica el contexto sugiere. Todo el capitulo 22 de 2 Samuel trata sobre el poder de Dios para salvar a David de sus enemigos y sobre las bendiciones que derrama sobre su vida.
El versículo 1 dice que David cantó este salmo “el día que Jehová le había librado de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl.” Realmente Saúl le había hecho imposible la vida a David, pero Dios había intervenido de forma poderosa para librarlo de Él. Recuerdo varias veces en que Saúl estaba apunto de matar a David, y sino fuera porque Dios intervino seguramente David nunca hubiera llegado a ser rey. En especial recuerdo la vez en que Saúl le tiró una lanza, ¡Lo quería dejar como cuadro en el palacio! David estaba tocando el arpa para Saúl, pero éste que no estaba en sus cabales, le arrojó una lanza de la bronca que le tenía (1 Samuel 18:10-11). Yo veo que Dios lo cuidó a David en esta vuelta, porque Saúl, a pesar de no estar bien de la cabeza, era un tipo instruido militarmente; en teoría, al ser el rey, Saúl era el más robusto, fuerte y mejor preparado para la guerra; y si estaba tan bien capaz, y si estaba en el mismo cuarto, yo no veo como pudo haberle fallado. Algunos me dirán que vea un partido de futbol, nunca falta alguien que esté frente al arco sin arquero y que manda la pelota por encima del travesaño; bueno, pero eso solo pasa en el futbol, no en lanzamiento con jabalina. De todas formas, eran muy pocas las posibilidades que tenía Saúl para errarle, pero estoy seguro que esto es obra de Dios (1 Samuel 18:12).
Y desde entonces David se la pasó huyendo de Saúl; como si fuera el juego del gato y el ratón, donde sino fuera por Dios, el gato se comía al ratón. David pasó mucho tiempo de su vid huyendo de Saúl en el desierto, escondido entre las rocas. Por eso David “Dijo: Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador” (2 Samuel 22:2 ). David sabía que cuando apeligraba su vida podía venir y refugiarse en la Roca, en Dios su protector.
David podía confiar en un Dios poderoso que cuidaba de su vida y era la idea exaltarlo con este salmo. Creo que la siguiente compilación de versículos del capítulo reflejan muy bien la idea que quiere resaltar el salmista:


En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios;
El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó a sus oídos.
E inclinó los cielos, y descendió; Y había tinieblas debajo de sus pies.
Por el resplandor de su presencia se encendieron carbones ardientes.
Y tronó desde los cielos Jehová, Y el Altísimo dio su voz;
Envió sus saetas, y los dispersó; Y lanzó relámpagos, y los destruyó.
Contigo desbarataré ejércitos, Y con mi Dios asaltaré muros.
2 Samuel 22:7, 10, 13, 14, 15, 30


David estaba alabando a un Dios superpoderoso, un Dios que todo lo puede hacer, un Dios misericordioso que se había dignado a ayudar a un vil mortal, y no es porque David tenía algo especial, no era el ser humano más lindo, más bueno, más inteligente, el mejor pastor, o el mejor músico, no era nada extraordinario; David, lo sabía muy bien, lo único que lo diferenciaba de cualquier otro individuo, es que en su angustia había invocado a Jehová. ¿No te dice algo esto? ¿No te dice que Dios también puede obrar poderosamente en tu vida? ¿y se puede saber porqué NO? No me digas que es porque David fue un personaje imaginario de un libro de lindas historias, pero ficticias. Pero sabes que: Dios, no hace story sino History; Dios no es un personaje que aparece cuando se le ocurre aparecer, Dios es el personaje de la historia, es el que marca de diferencias en la vida de las personas que deciden obedecerle, y discúlpame que me haya entusiasmado con esto, pero no lo puedo negar, porque así pasó en mi vida, y si hay algún problema, nos vemos en el chat. Dios obra en las vidas de las personas; obró en la vida de David, obró en mi vida, y obrará en cualquier otra vida que así lo decidiera sinceramente, incluyéndote.
Sin embargo, esa noche no fue esto lo que me llamó la atención, no porque no fuera real, sino por la forma en que lo interpreté, y eso es la segunda forma de explicar este texto: Dios viniendo a la tierra, pero en tinieblas. Se que algo que se despega mucho del texto, pero es más conmovedor y más real. Cuando leí el versículo 9, me dije a mi mismo: “esto es una descripción perfecta de lo que hizo Jesús”. Jesús es el Cristo, el prometido, el Mesías; Jesús es también Jehová, es también Dios (Juan 1:1). Jesús, Dios el Hijo “Inclinó los cielos, y descendió”. Jesús dejó su trono en los cielos, su lugar de privilegio celestial y vino a morar con nosotros, y tomó forma de hombre y vino a morir para mostrarnos cuanto nos ama; cuando Jesús dejó su gloria divina “había densas tinieblas debajo de sus pies”, porque se revisitó de humanidad. Por eso podemos llamarlo “hermano”, porque es igual a nosotros, y eso es algo que me emociona; saber que mi Dios, mi Creador, tomó mi forma, mis debilidades, y las clavó en una cruz, para que por su muerte, yo no muera eternamente; eso es salvación, una vida para disfrutar al lado de Dios.
Debo admitir que causará cierta confusión mi conclusión: Pero ambas interpretaciones son lo mismo porque son complementarias. La primera, me ofrece un Dios todopoderoso que se digna a auxiliar a sus dependientes; la segunda; un Dios que se encarnó por amor, encarnación que terminó en su muerte y en mi vida. Por esta razón yo cometí el error de separar ambas cosas; Dios está preocupado por ayudarte en esta Tierra, Él está interesado en tu bienestar integral (físico, mental, emocional, social, familiar, académico, en todo; incluyendo económico, sexual y deportivo). Dios quiere una vida plena para todos sus hijos ya, ahora, en esta tierra; pero está más interesado en tu bienestar eterno; el lugar donde vas a estar para siempre, con Él o sin Él, el quiere hacer que tu vida valga la pena, ¿le darás la oportunidad?
Inclinó los cielos, y descendió;
Y había densas tinieblas debajo de sus pies.
Salmos 18:9

jueves, 4 de octubre de 2007

ABANA, FARFAR Y JORDAN



Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo;
El que obra salvación en medio de la tierra. Salmos 74:12



Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.
Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán. Ésta dijo a su señora: «Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.»
Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: «Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel». Y le dijo el rey de Siria: «Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel.»
Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos. Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: “Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.”
Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: «¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.»
Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: «¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.»
Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: «Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.»
Y Naamán se fue enojado, diciendo: «He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio?» Y se volvió, y se fue enojado. Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?
Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio. Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se puso delante de él, y dijo: «He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo.»
Mas él dijo: «Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré» Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso.
Entonces Naamán dijo: «Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová.»



2Reyes 5:1-17


La Biblia dice que Naamán era un general muy importante, había logrado muchas victorias militares, que “era muy valeroso” a la hora de la guerra, me imagino a Naamán como todo un líder militar victorioso, que tenía éxito en lo que emprendía, pero que no tenía éxito en su vida. ¿Pero que estoy diciendo? ¿Cómo puede ser? Naamán lo tenía todo, menos felicidad y paz. El gran general no podía acercarse a sus hijos y darles un beso, no podía ni siquiera abrazar a su esposa, no podía recibir un saludo de manos. No podía porque lo que tocara quedaba infectado, y no había cura, así como tampoco tenía cura para él. Jesús lo explica con estas palabras: “Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).
Algo que me toca de cerca es el hecho que “por medio de él había dado Jehová salvación a Siria”, él había sido utilizado por Dios para cumplir sus designios en el reino de Siria, pero ahora estaba enfermo. Y esto es una realidad, que Dios puede emplearte, e inclusive que te pueda utilizar para salvar a mucha gente, pero eso no significa que estés “sano”. El mismo Jesús también dijo: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22-23).
La lepra es un símbolo de pecado; y de hecho ambos tienen mucho en común: en primer lugar, ambos comienzan como una manchita apenas perceptible pero a medida que pasa el tiempo sino se trata termina afectándolo todo, y entre otras cosas, ambas producen dolor agonizante, una el cuerpo, la otra en el corazón pero al fin, ambas terminan en la muerte. Y esto hace de esta una historia fascinante: que todos somos malos y necesitamos ser “sanados”.
Naamán estaba preocupado por la situación. ¡Quien diría que la respuesta a su problema la tenía la sirvienta! Pero fue así, en realidad el resto de la historia se trata de la misma enseñanza; que hay que llevar los problemas donde pueden ser resueltos.
Naamán fue a buscar ayuda en Israel pero se desvió del camino, fue a buscar al rey cuando en realidad tenía que ir junto al varón de Dios, junto al profeta. Era totalmente lógico pensar que, al igual que las otras naciones, el rey podría encargarse la misión imposible. [Podría pensarse que el rey, al ser el elegido por los dioses, tendría sus favores: poderes de toda clase] El rey lo sabía; el cartero no se había equivocado, el destinario era él y la estampilla era el sello real de siria, y para su angustia, frente a él se encontraba un hombre blanco, lleno de lepra con un moño y una tarjeta de envío que decía “sáname” ¿Qué podía hacer él, vil mortal? Nada. Pero el cartero dejó otro rollo, era un memo “¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.” Dios quería grabar una fuerte impresión en la mente de este general sirio; el poder no es del rey, el poder no es del hombre, ni tampoco de su autoridad; el poder viene sólo de Dios.
Ahora la encomienda era remitida a donde debía ser mandada: al instrumento divino. Después de todo, ¿No había sido ese el consejo de la muchacha?
Ahora Naamán, y toda una delegación de soldados y siervos que estaban a su disposición, habían salido del refinado recinto palaciego y se dirigían al interior del país, a la casa de un humilde siervo de Dios, el cual ni siquiera salió a su encuentro, sino que le dijo que vaya se sumerja siete veces en el río Jordán.
Cuando Naamán escucho la receta médica, se enojó, y mucho. El estaba desconcertado: vino primero junto al rey, que lo atendería con todas las comodidades como lo merecen los altos cargos militares en las negociaciones diplomáticas, pero en vez de eso el rey lo había enviado afuera del palacio, lo envió a la casa ­(ni siquiera la oficina) del profeta; después Naamán pensó que este lo recibiría en la casa y allí mismo invocaría a Dios, y en un momento sublime lo curaría; pero no, el profeta envió un mensajero (que tenía más pinta de ser un atorrante criado que de ser un mensajero) y sin siquiera hacerlo pasar le dijo que se bañe en tal río y se sanaría. Estaba que ardía (y no de fiebre), estaba furioso y rengando, dijo: “Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio?” Cuantas veces pasa que imaginamos que Dios por ser así o asa, debería actuar de esta u otra manera; la forma en la que pensó Naamán es como un patrón en la mayoría de las personas, o acaso no piensas que Dios debería actuar de una determinada manera en tu vida, que debiera darte todas las comodidades o producir ciertos sentimientos en tu corazón, y no es así, entonces Dios mintió, falló, rompió con el convenio. Pero cuán a menudo nos olvidamos de que el convenio es que íbamos a seguir a Dios a la manera de Dios, no a la nuestra.
Naamán nunca se hubiera curado de la lepra si no fuera porque sus criados, lo recordaron de esta gran verdad: “Si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?”. Muchas veces, nosotros somos así, pensamos que si Dios nos pidiera dar la vida por Él lo haríamos, pero a la hora de la verdad, las cosas sencillas no las hacemos, ¿Porqué? Por la falta de fe, porque “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe no es una palabra, es más que una promesa, la fe es sinceridad, es creer sinceramente en Dios, que existe; en su poder, que nada es imposible para Él; en su amor, que me ama profunda y apasionadamente, tanto que provee todo lo que necesito para ser feliz.
Es cierto, Abana y Farfar pueden tener aguas mas limpias que el Jordán, que pueden ser mas cristalinas, son muchos mas caudalosos que el riacho del Jordán, hasta tienen peces mucho más grandes que este arroyuelo; pero sabes que, ahí, en el Jordán, está la promesa de sanación. Esto es fe. Se trata de ir a donde hay que ir, a donde Dios dice que hay que ir.
A lo largo de mi vida he escuchado muchas predicaciones acerca de las 7 sumergidas de Naamán, de cómo se sumergía ansiosamente seis veces y todavía no pasaba nada y sin embargo en la séptima ocurrió un manifiesto milagro. No estoy en contra de estas predicaciones, pero creo que el milagro de la curación de la lepra iba más allá de la sanación física; el mayor milagro en esta historia, ocurrió fuera del agua, cuando Naamán agradecido por el milagro intenta obsequiar todo cuanto traía a Eliseo (el profeta contra quien se había enojado, pocas horas antes), pero como Eliseo, varón de Dios, le rechazó todos los regalos, Naamán le dio a Dios el mayor de todos los presentes que un hombre puede darle al Señor: el corazón. Naamán le dijo al señor me entrego en tus manos, y te seguiré a tu forma, como tu quieres que lo haga “porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová.”
Sabes, hoy Dios sigue siendo el mismo, su amor y su poder nunca cambian, porque ser eterno es uno de sus principales atributos. Hoy Dios sigue pidiendo que llevemos los problemas donde deben ser llevados, y que no nos preocupemos en la forma, porque eso se remite a Él. Cualquiera sea el mal que te esté afligiendo, porque no lo remites a donde debe ser, al Rey del Universo.



Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo;
El que obra salvación en medio de la tierra.
Salmos 74:12

martes, 25 de septiembre de 2007

LEJOS Y AUTOSUFICIENTE


Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios,
para que él os exalte cuando fuere tiempo. 1 Pedro 5:6

"Amigos, es necesario que yo sea entregado y muera por ustedes para que se cumpla lo escrito, y ustedes se shoquearán" dijo Jesús a sus discípulos. "Todos menos yo, porque yo no me apartaré de Tí" dijo Pedro. "Me negarás tres veces antes que el gallo cante" le respondió el Maestro. Pedro le replicó: "Aunque me sea necesario moriré contigo, pero no te negaré". Y todos los discípulos dijeron lo mismo. Pero Pedro pensó para sí: "¿Porqué dice esto el Maestro de mí? ¿Acaso no confía en mí?"
Creo que todos los cristianos a menudo ofrecemos como Pedro fidelidad al Maestro Jesús, una fidelidad idealista y honesta. ¿Está mal lo que le dijo Pedro a Jesús? No; todo lo contrario, estaba diciendo algo más que correcto. Sin embargo había algo que Jesús le quiso decir a Pedro aquella noche y él no entendió. Jesús le quería decir que no sea orgulloso, porque donde hay orgullo también hay "autosuficiencia". Y pongo autosuficiencia entre comillas porque la autosuficiencia es un engaño personal; nadie es autosuficiente, todo lo contrario, todos necesitamos de otros; pero tal vez lo peor de la "autosuficiencia" es que nos hace sentir que ni siquiera necesitamos de Dios.
Cuantas veces por orgullo hacemos cosas tontas. El orgullo nos hace olvidar las cosas lindas del pasado. Por orgullo muchas veces pensamos que no necesitamos de nadie para vivir; que nunca lo necesitamos y que nunca lo necesitaremos; pero a veces nos olvidamos que desde que nacemos cuando somos apenas unos bebés no podemos hacer algo por nosotros mismos; que nuestros padres nos tuvieron que alimentar porque nosotros no podíamos hacerlo. Quien sabe si Dios nos hizo así para enseñarnos la primera y tal vez una de las más grandes lecciones de la vida: Nadie es autosuficiente.
Jesús quería recordarle esto aquella noche, cuando quiso lavarle los pies, pero Pedro que lo entendió no rindió todo su orgullo, Jesús quería que Pedro confíe en él. Jesús quería que Pedro vuelva a decir: "¡Señor, sálvame!" de mi orgullo. Y si Pedro hubiera exclamado estas palabras, Jesús nuevamente le extendería su mano y lo salvaría.
Jesús llevó a sus discípulos al monte Getsemaní, y le encargó a Pedro junto con otros dos una tarea del todo especial; los llevó a otro lugar y les dijo que debían orar y velar por lo que pronto sucedería, mientras tanto que Jesús un poco más arriba en el monte oraba por fuerzas y sudaba sangre por la agonía. Pero después de un hora, cuando Jesús regresó, Pedro y todos los discípulos estaban profundamente dormidos. Jesús los despertó y le pidió por favor que oren por Él, sin embargo el sueño los volvió a vencer y cuando Jesús regresó los volvió a encontrar durmiendo, siguió orando y regresó nuevamente y entonces los despertó. Les dijo "Ya pueden dormir, ya está, ahí viene el que me va entregar". Jesús quería que ellos oren por Él en unos de los momentos más duros de su vida, pero no aguantaron el sueño. Mientras ellos dormían, Jesús, había decidido definitivamente dar su vida por ellos y por todos los hombres. Ahora ya no había más que hacer, estaba todo dicho.
Sin embargo Pedro, sabía que le había fallado a Jesús y pensaba "le voy a demostrar al Maestro que se puede confiar en mí". Su orgullo lo llevó lejos del pensamiento que Jesús quería que tenga. Y cuando Judas apareció con la tropa de soldados, Pedro saltó en defensa de su Maestro, sacó una espada y le cortó la oreja a uno. Pero Jesús tomando la oreja amputada, la volvió a colocar en su lugar y sanó la herida. Entonces le miró a Pedro a los ojos y le dijo: "Pedro, ¿Si no muero, como se cumplirá la profecía? ¿Cómo se cumplirá la voluntad de mi Padre sino la hago?"
¿Cuantas veces te pasó que intentabas hacer la voluntad de Dios a tu manera? Suele pasar que pensamos que estamos haciendo la voluntad de Dios en nuestras vidas pero en realidad no la hacemos porque nuestro orgullo es en realidad el motor de nuestro accionar.
Y viendo la sangre en su espada, Pedro y los demás discípulos huyeron por miedo que los arresten a ellos también. Los discípulos debían haber orado por fuerzas así como Jesús les había pedido. Pero no lo hicieron. Ahora casi todos se habían apartado de Jesús.
"¿A donde vas?" preguntó Pedro, "con el Maestro", dijo Juan y se fue con la tropa de soldados. "Yo no debería estar escondido aquí, detrás de este espino" pensaba para sí Pedro. "Estos cobardes, no hicieron nada, a lo mejor si hubieran actuado como yo, Jesús no hubiera sido arrestado, tal vez Jesús no lo dijo en serio, tal vez lo dijo para no traernos problemas... me voy con Juan, a lo mejor hago algo bueno para el maestro" Y Pedro seguía a Jesús de lejos.
"Hey Pedro!, vamos, conseguí permiso para poder entrar y ver el juicio de Jesús, vamos apúrate que hay mucha gente y nos quedamos sin lugar". Le dijo Juan mientras entraba al salón principal. "Yo me quedo aquí en el patio, total se ve bien desde aquí afuera y a parte es más seguro" le dijo Pedro y se quedó allí. Todavía era oscura la noche y una mujer se acercó a Pedro que se escondía entre la gente.
"Si que eres valiente" le dijo la mujer, "¿Por que?" preguntó Pedro. "Creí que los discípulos de Jesús no podían entrar aquí" le contestó la mujer porque era la portera, "yo no soy su discípulo", y se fue a la puerta del patio y en seguida vinieron los guardias y el les dijo "Pero yo no soy discípulo de Jesús, juro que no tengo nada que ver con el", y los guardias un poco desconfiados, le dejaron quedarse, ahí en la puerta del patio, todavía podía ver a Jesús, pero ahora su rostro esta sangrando, ¡alguien le había pegado a su maestro y él no había hecho nada por defenderlo!. "Lo tenía que hacer, sino me iban a encarcelar" se excusaba para sí.
Pero tenía su espada escondida, que todavía escurría las últimas gotas de sangre en el suelo y que apenas se disimulaba debajo de su capa que poco lo protegía del frío nocturno. Ahora Pedro se acercó a los mismos guardias que estaban haciendo fuego un poco más lejos de la puerta. Y desde allí apenas podía ver a Jesús, pero Jesús, que estaba sobre una plataforma, lo veía bien. Sin embargo Pedro estaba con un ojo en Jesús y con un ojo en los movimiento de los soldados.
"Yo te conozco, tu eres uno de sus discípulos" le dijo un hombre frente a los guardias "¿Discípulo de quien?" replicó Pedro, "De Jesús, yo te vi en el huerto de los olivos hace un rato, vi cuando le cortaste la oreja a Malco, mi pariente" le dijo el hombre. Entonces Pedro dijo: "Pero, cuantas veces tengo que decirlo, [grosería], juro que no conozco a [adjetivo de insulto] Jesús". Y con otras palabras como esas y con toda clase de juramento e insultos, negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo.
Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente.
Cuando Pedro escuchó al gallo miró al Maestro a quien había prometido fidelidad, a quien acaba de insultar. Y se dio cuenta de donde lo había llevado su orgullo. Y salió a fuera, con ese último recuerdo de Jesús, un rostro golpeado mientras él lo negaba. Atrás quedaba su orgullo y su valentía; todo eso era una vanidad. Había despreciado a aquel que había apostado por él y lo había llamado para algo mejor.
Había negado a Aquel que un día de pesca le había dicho "Sígueme"; a Aquel a quien aquella noche de tormenta cuando Jesús le dijo que venga caminado sobre las aguas hasta donde él estaba, pero que cuando miró hacía atrás se hundió en las aguas y fue allí cuando dijo "Maestro, sálvame" y Jesús lo saco del agua, salvando así su vida. Había renunciado a su discipulado para conservar su vida. Las palabras "Todos menos yo porque yo no me apartaré de Ti" y "Aunque me sea necesario moriré contigo, pero no te negaré" hacían eco en su mente. Esa misma noche había dicho que no negaría a Jesús, pero lo había negado tres veces. Había dicho que él no se apartaría de Jesús, pero había huido como los otros; dijo que se mantendría junto a él, y cuando seguía a Jesús en el camino lo seguía de lejos y en el juicio también cada vez más lejos, geográficamente y en el corazón también. Jesús estaba por morir, y no había vuelta atrás, estaba arrepentido, pero ya no vería a Jesús con vida nunca más.
Pasó una semana, Jesús había muerto en la cruz de una forma indescriptible, pero milagrosamente había resucitado y dijo a sus discípulos que los vería en Galilea.
Ahora los discípulos estaban esperando. Pedro ya no se consideraba más un discípulo; no era digno después de lo que había hecho; y había decidido regresar a su antigua profesión de pescador, asique tomó de nuevo la red y la barca y se metió junto con los demás discípulos al mar a pescar, habían pasado toda la noche intentado capturar algo, pero no habían pescado nada. Alguien les gritó que tiren la red al otro lado de la barca, ya lo habían hecho muchas veces aquella noche, pero lo volvieron a tirarla. Grande fue la sorpresa cuando recogieron la red porque ¡casi no la podían sacar por la cantidad tan grande de peces que había!
"¡Es Jesús!" dijo Pedro, mientras se tiraba al agua para ir nadando con todas sus fuerzas hasta donde estaba su maestro. Llegó primero; los demás todavía tenían que recoger las redes. Jesús estaba esperando a sus amigos con un pescado sobre las brazas. A medida que iban llegando se iban sentando pero nadie decía nada, porque sabían que era Jesús. Alguien dijo algo, y pronto los discípulos y su Maestro ya es estaban riendo. Había alegría entre ellos, menos en uno, Pedro. Jesús leyó su corazón...
Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo.
Con estas palabras Pedro admitió, que Jesús sabía lo que él había hecho, y que estaba arrepentido. Se le partía el corazón porque Jesús le preguntaba si lo amaba, pero Pedro ya no respondía por jactarse sino que lo decía de corazón sincero y humilde. Había comprendido el amor de Dios, y quería servirle pero no para ser el mejor sino porque había pasado por la conversión, la decisión de ser un siervo fiel y humilde del Señor en todo. Jesús, por cada negación que Pedro había hecho, le preguntó si correspondía a su amor. Y así lo restableció delante de todos como su discípulo. De allí en adelante, Pedro sería dependiente de Dios y se mantendría cerca de él.
...Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
Mucho tiempo después, cuando era un gran apóstol de Dios, Pedro escribió: Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo.
Hoy y ahora, sea donde sea que estés, si de por casulidad, te consideras que no necesitas de Nadie o si estuviste lejos de Cristo, el mismo Maestro, te pregunta "¿Me amas?, deja de un lado tu orgullo, acércate a Mí hoy y permíteme obrar poderosa y exclusivamente en tu vida"
Cierra tus ojos y contéstale.