lunes, 12 de septiembre de 2011
Soy hijo de mi padre!
viernes, 26 de agosto de 2011
Aunque usted no se lo imagine
recurrid al Señor en todo tiempo.
viernes, 19 de agosto de 2011
El muñequito de plastilina limpio
jueves, 26 de mayo de 2011
Miro el mundo y sus desgracias
No es problema el tiempo que nos lleve a los cristianos el hecho de predicar. Los primeros cristianos lograron llevar el cristianismo hasta los confines del mundo conocido en 2 generaciones. En sólo dos generaciones todo el mundo sabía quien era Cristo. La cuestión no es cuanto tiempo nos lleve predicar, la cuestión es cuanto timpo no llevará a los cristianos reconsagrarnos a Dios; dejar de lado las cuestiones necias de este mundo para dedicarnos a vivir por Cristo.
Para la venida de nuestro Señor Jesucristo ¿Cuánto faltará? ¿Mucho? ¿Poco? La respuesta depende de mí y de ti.
jueves, 14 de abril de 2011
¿Es amor?
Hay muchas cosas que parecen amor y no lo son, el amor genuino es algo raro y difícil de encontrar cuando nos encontramos lejos de Dios porque Él es la fuente de todo amor. Pero ocurre algo que a menudo entristece y es que en muchos sinceros y fieles los hijos de Dios, no tienen amor. ¿Y cómo puede ser esto? Bueno lo que pasa es que hay emociones que se disfrazan de amor pero no lo son: celos, pasión, simpatía, y otras emociones que tal vez sin ser malas, nos dan sensaciones agradables y que muchas veces se las relacionan con el amor, pero como dijimos no es amor. Yo no te puedo decir si lo que sentís es o no amor, pero quiero que veas las principales cualidades del amor. Seguro ya las conoces, pero repasarlas no hace mal:
En primer lugar el amor es sufrido. No es que el amor te hace sufrir, sino que el que ama está dispuesto a sufrir. El que ama es paciente pase lo que pase.
El amor es benigno. El amor hace que reboses de bondad. Te hace rebosar de buenas acciones e intenciones hacia la persona amada. Por eso el amor no es celoso o exclusivo porque los celos tienen como centro lo propio, a diferencia del amor donde el centro es la otra persona. El amor no gira en torno al ego sino al bienestar del otro; por eso el amor no es jactancioso o no se envanece. El que ama no busca exaltarse porque no está centrado en sí mismo sino en el otro.
Y es que cualquier tipo de amor, para ser amor se tiene que desprender del amor Agape. Por eso es importante que comprendas el principio básico del amor: El amor no se centra en uno sino en el otro. Por eso el mayor ejemplo de amor es Dios, de Quien se dice: Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:9)
Es cierto que el atractivo físico, el interés y otras emociones y prioridades suelen atraer a las personas mutuamente, pero es muy feo que te cases con una persona solo por el atractivo físico, el dinero, el estatus social, la conveniencia o cualquier otra cosa, por más buena cualidad que sea.
sábado, 25 de diciembre de 2010
La leyenda de la grulla y el cisne
El cisne la miró con cierto asco y se acercó a la grulla:
—¿Qué haces?— le preguntó
—Estoy comiendo los deliciosos caracoles que están en el barro de este estanque— respondió la grulla, y casi al instante agregó —¿los probaste alguna vez?
—Sí, reconoció el cisne —pero he encontrado algo mejor de donde vengo, en el Cielo.
—¿El Cielo? —preguntó la grulla —¿Dónde queda el Cielo?
—¿No conoces el cielo? —Contestó sorprendido el cisne
Y entonces el cisne le empezó a contar cómo era el cielo, le relató las magníficas y cristalinas aguas del río que salen del trono de Dios, le describió acerca del espléndido árbol de la vida, la vida de los ángeles y las mil maravillas que allí habían.
Pero la grulla poca atención prestaba y mientras miraba hacia abajo, hacia el barro del estanque, le preguntó al cisne:
—Pero decime, en el cielo ¿hay caracoles?
—¿Caracoles? —repitió el cisne — ¡No! ¡Por supuesto que no hay caracoles!
—Entonces —dijo la grulla mientras volvía a meter el pico en el barro—, tú puedes quedarte con el cielo. ¡Yo quiero caracoles!
En esta vida hay personas que no valoran el cielo ni las bendiciones que Dios quiere darnos, prefieren esta vida y comer “caracoles” antes que estar disfrutando de la dicha de una vida con Dios. Hay una vida diferente, hay una vida mejor con Jesús. Y si estamos dispuestos a dejar el “barro” y los “caracoles”, podemos encontrar la paz que Dios nos quiere dar. Por eso Dios hoy nos llama: "Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios; y levantaos..." a algo mejor.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Perdonado pero no perdonador ¿Perdonado?
Calculando el sueldo mínimo para la parte austral de latinoamérica sería de unos 390 US$ mensuales. Más hacia el norte descendería a unos 250 US$ como promedio regional. Los paises más pobres (o con peor paga, mejor dicho) pagarían entre 100 y 120 US$. En España es de unos 850 US$. Nosotros lo tomaremos en 250 US$, que sería lo que se paga promedia y aproximandamente en latinoamerica en la región.
Jornal = (Salario mínimo) / 30Jornal = 250 US$ / 30Jornal = 8,33 US$
Talento = 6000 drácmasTalento = 6000 * 8.33 US$Talento = 50.000 US$
El problema no es con Dios, el problema está dentro de nosotros que no aceptamos su perdón y, como tenemos esa cuestión interna de estar proyectándonos en los demás, tampoco perdonamos a nuestros prójimos.
sábado, 17 de julio de 2010
Las etiquetas del Anfitrión
viernes, 10 de julio de 2009
¿Que dios te librará de mi mano?
¿Qué dios de todos los dioses de estas tierras ha librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?
Pero el rey no confiaba en ninguno de esos otros dioses y no adoraba a Jehová de la forma en que se adoraba a ellos, sino que su adoración era una vida ordenada y le daba prioridad en todo a su dios; confiaba que éste le resolvería cualquier problema y por eso le pedía que dirija todo confiando que él se haría cargo. A eso le llamaban fe. La religión de Ezequías es muy rara porque este dios Jehová no tiene una imagen o algún símbolo que adorar, es un dios invisible pero que puede hacer hasta lo imposible y donde sea; no tiene límites y su principal característica es el amor. Es el dios más raro de todos los que haya se haya escuchado por aquellas tierras, más raro que los dioses mitad pescados y mitad hombres o los dioses cabeza de animales como los de Egipto; y eso de ser un dios bueno y justo es lo más raro de todo; a la mayoría de estos dioses irritables hay que ofrecer sacrificios dolorosos para poder complacerlos y así obtener buenas cosechas, familia, dinero o cualquier otro beneficio según la especialidad de cada dios; pero el del rey es un dios distinto que busca la felicidad y el bienestar de sus adoradores y siempre está dispuesto a ayudarlos en lo que sea, y lo único que pide es que confíen en él, eso es rarísimo.
No hace mucho el rey asirio Senaquerib invadió el país, antes ya había expandido su imperio hasta lo que antes era el reino norte de Israel hace 10, aquella antigua fértil tierra ahora está arrasada y su poderoso ejército que solo había llegado a la frontera, la cruzó y en poco tiempo conquistó Laquis, la ciudad más fortificada del país que protegía el camino a la capital Jerusalén. Yo creía que los del sur correríamos la misma suerte que nuestros hermanos del norte, sinceramente ya me estaba dando por vencido.
Cuando me acuerdo de lo que pasó no hace mucho, me dan escalofríos; cada día veía como se iban más y más soldados a las otras fortalezas, cuando caminaba por las calles de Jerusalén apenas había soldados en Jerusalén, solo quedaban los más valientes en la guardia del rey en Jerusalén, pero sus expresiones de miedo no eran más consternadas que las de aquellos que estábamos como arqueros en la muralla. Yo pensé que con el enorme tributo que había pagado el rey Ezequías los asirios nos dejarían paz pero cuando vi al ejercito asirio y los tres estandartes del Tartán, del Rabsaris y del Rabsaces, los tres principales oficiales del rey asirio, subiendo por el camino sur al lado del acueducto tuve un enorme y angustiante miedo; veía como traían todas esas maquinas para asediarnos ¡y nosotros casi no teníamos ejercito! ¡Nos iban a masacrar! Había oído que los asirios eran tan crueles que despellejaban a sus enemigos vencidos y hacían todo tipo de atrocidades con las atrocidades, no podía concebir la idea de que mis hijos fuesen unos esclavos desterrados ¿Qué sería de ellos si tomaban la ciudad? Al ver todas esas hordas de fieros guerreros no podía menos que preocuparme.
Aunque estaban lejos todavía dieron la orden de ir a nuestras posiciones de combates y estar preparados para el ataque; yo ya estaba en la mía sobre la muralla, lo único que hice fue tensar el arco pero como me temblaba el brazo, y como no quería desperdiciar alguna flecha por ninguna disparo accidental, decidí dejar de apuntar y contemplar el ejercito que se aproximaba. Las puertas de la ciudad ya estaban cerradas. Miraba el panorama. Miles de flechas temblorosas apuntaban a la multitud de invasores. Pero ellos se quedaron en su posición y armaron un campamento. Estábamos asediados. Habían dado la orden de volver a sus casa, pero mi me tocó estar de guardia a la tarde, se me había ido el apetito y no quería asustar más a mi familia, asique no fui a casa a comer, me quedé mirando el campamento enemigo. Pasaron los días y una tarde se escucharon unos gritos:
- ¡Rey, Ezequías, sal para que hablemos!
Se abrió una puerta y los oficiales, Eliaquim, Sebna y Joa, tres altos oficiales del rey Ezequías salieron a su encuentro, era el Rabsaces, estaba hablando en nuestro idioma, y les dijo soberbia y fuertemente:
- Dile a Ezequías que el gran rey de Asiria le manda a decir esto: ¿En qué se basa tu confianza? Tú dices que tienes estrategia y fuerza militar, pero éstas no son más que palabras sin fundamento. ¿En quién confías, que te rebelas contra mí? Si tú confías en Egipto, es una caña afilada que si te apoyas en él te traspasara la mano, te defraudará como a todos les hizo, y si dices: ‘Nosotros confiamos en Jehová, nuestro Dios’, ¿no se trata acaso, Ezequías, del dios cuyos altares, al igual que santuarios de otros dioses tú mismo quitaste, diciéndoles a Judá y a Jerusalén: ‘Debéis adorar solamente ante este altar’? Por eso, Ezequías, haz este trato con el rey de Asiria: Ríndete, hazte mi vasallo. Dame rehenes, que yo te protegeré y equiparé contra los egipcios.
Cuando escuche esto me confundí mucho, yo confiaba en el dios Jehová pero las palabras de este hombre me confundían. Tenían mucha lógica. Era evidente que Egipto no era un aliado potencial; ya habían caído otras naciones vecinas aliadas de los egipcios. Y en cuanto a nuestro dios, parecía que todo había sido una idea de Ezequías. La confusión se veía en muchos rostros. La comitiva le dijo al asirio que deje de hablar en nuestro hebreo, que hable acadio porque lo conocían y que ellos le darían el mensaje traducido al rey. Pero entonces el Rabsaces empezó a hablarnos a nosotros en la muralla.
- Escuchen ustedes, los de las murallas, ¡oigan las palabras del gran rey, el rey de Asiria! No se dejen engañar por Ezequías. ¡Él no puede libraros de mis manos! No dejen que Ezequías les persuada a confiar en Jehová, cuando les dice: ‘Sin duda Jehová nos librará; ¡esta ciudad no caerá en manos del rey de Asiria!’ No les hagan caso. Mejor hagan las paces conmigo, y ríndanse. De este modo cada uno podrá estar en libertad hasta que venga y los lleve deportados a un país como el suyo, país de grano y de mosto, de pan y de viñedos, de aceite de oliva y de miel. Así vivirán en vez de morir. No le hagan caso a Ezequías, que os quiere seducir cuando dice: “El Señor nos protegerá” ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones pudo librar a su país de las manos del rey de Asiria? ¿Dónde están los dioses de las naciones sirias? ¿Dónde están los dioses de las naciones hititas? ¿Acaso libraron al reino norte de Israel de mis manos? ¿Cuál de todos los dioses de estos países ha podido salvar de mis manos a su país? ¿Cómo entonces podrá Jehová librar de mis manos a Jerusalén?
Pero nadie le dijo nada, porque el rey había mandado que nadie le conteste. Y cuando el rey y los oficiales escucharon que el asirio comparó a Jehová como un cualquiera de cualquier nación, se indignó y lo demostró rompiendo sus vestidos y ensuciándose con tierra. Y así indignado y sucio se fue al templo de Jehová. Muchos pensaron que estaba con miedo; pero yo que estaba más cerca vi que no tenía miedo ni estaba preocupado, estaba sereno pero se fue rápido. Miré y vi como el asirio montaba su caballo y vi que iba hacia su campamento hasta que uno se acercó y entonces siguió de largo en dirección a Laquis, donde estaba acampando el rey Senaquerib.
Como había terminado mi turno mientras hablaba el asirio no me fui a casa sino que fui al templo a orar, yo pensé que el rey ya se había ido pero todavía estaba allí; lo encontré orando en vos alta:
- Jehová tu eres nuestro dios, ¿Por qué permites que pasen todas estas cosas? ¿Por qué no defiendes tu nombre de esta blasfemia que te han dicho nuestros enemigos?
- Así dijo Jehová: “No tengas miedo por lo que escuchaste, ellos me han blasfemado. Pero yo voy a poner un espíritu en él, de manera que cuando oiga cierto rumor regrese a su propio país. ¡Allí haré que lo maten a filo de espada!”
Cuando escuché eso, me quedé tranquilo y me fui a casa a descansar. Pasaron unos días y escuché en la calle de alguien que pasaba que el rey de Etiopia le declaró la guerra al rey de Asiria y que esté se había ido de Laquis con su ejército para hacerle frente. Entonces me acordé de lo que había escuchado en el templo, y aunque todavía estábamos asediados me fui al templo a agradecerle a Jehová por ser tan buenos con nosotros.
Estaba en el mercado regateando los precios excesivos que cobraban los mercaderes por la situación de la ciudad en el asedio, cuando se abrieron una de las puertas y entraron nos hombres muy elegantes, por la vestimenta me di cuenta que eran oficiales asirios, se parecían mucho al Rabsaces en su forma de vestir y en su arrogancia en especial uno que llevaba algo como un rollo firmemente agarrado en las manos. Se fueron escoltados por la guardia hacia el palacio, miraban todos los detalles de la ciudad. Pero pasaron con mucha prisa. Presentí que algo malo estaba sucediendo. Pregunte qué pasaba pero nadie me supo responder; todo el pueblo estaba consternado. Yo seguí haciendo mis compras cuando repentinamente un resplandor leve en lo alto de una muralla me llamo la atención, era la corona del rey que iba pasando por el corredor en lo alto de un muro dirigiéndose en dirección al templo con el mismo rollo que había visto en manos de aquel asirio. Alguien me dijo que los hombres que había visto hace un rato eran embajadores que traían una carta solicitando la rendición de la ciudad. Cuando la noticia cundió por toda la ciudad todos sus habitantes quedamos en silencio. Lo único que se escuchaba era el eco de las fuertes palabras que salían del templo y que retumbaban en cada muralla.
- ¡Jehová, léela! Mira que las extiendo delante de ti; escucha las palabras que Senaquerib ha mandado a decir para insultar al Dios viviente. Es verdad, Jehová, que los reyes asirios han asolado todas estas naciones y sus tierras. Han arrojado al fuego sus dioses, y los han destruido, porque no eran dioses sino sólo madera y piedra, obra de manos humanas. Ahora, pues, Señor y Dios nuestro, por favor, sálvanos de su mano, para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, Jehová, eres Dios.
Esta reflexión está basada en el relato bíblico de 2 Reyes capitulo 18 y 19, pero las citas bíblicas han sido tomas y re-elaboradas a partir de la versión Dios Habla Hoy y la Reina- Valera revisión 1960
Unos pasos como de carrera sobre el muro interrumpieron los pensamientos de muchos y los sollozos de los otros, era el secretario del profeta Isaías, que iba andando urgentemente hacia el templo. Nadie había mandado a consultar al profeta ¿Por qué mandaría un mensaje? ¿Sería que Jehová ya tenía un mensaje de respuesta para Ezequías y para las interrogantes del pueblo? Cuando el muchacho llegó al templo se escuchó la voz del mensajero firme y rotunda que decía:
- Así dice el Señor, Dios de Israel: “Por cuanto me has rogado respecto a Senaquerib, rey de Asiria, te he escuchado. Ésta es la palabra que yo, Jehová, he pronunciado contra él: ‘Sion te desprecia y se burla de ti. Jerusalén menea la cabeza al verte huir.’
¿A quién has insultado? ¿Contra quién has blasfemado? ¿Contra quién gritaste con arrogancia? ¡Contra el Santo Dios de Israel! Has enviado a tus mensajeros a insultar a Jehová, diciendo: ‘Con mis numerosos carros de combate conquiste todo lo prestigioso que conquisté’
¿No te has dado cuenta? ¡Hace mucho tiempo que lo he preparado! Desde mucho atrás lo vengo planeando, y ahora lo he llevado a cabo; por eso tú has dejado en ruinas las ciudades fortificadas; sus habitantes, impotentes, están desalentados y avergonzados.
Yo sé bien todo sobre ti; cuando te sientas, cuando sales, cuando entras, y cuánto ruges contra mí. Y porque has rugido contra mí y escuché tu insolencia, te pondré una grillete en la nariz y un freno en la boca, y por el mismo camino por donde viniste te haré regresar.
Ésta será la señal para ti, Ezequías: ‘Este año comeréis lo que crezca por sí solo, y el segundo año lo que de allí brote. Pero al tercer año sembraréis y cosecharéis, plantaréis viñas y comeréis su fruto’.
Porque de Jerusalén saldrá un remanente, del monte Sión un grupo de sobrevivientes. Esto lo hará mi celo, celo del Señor Todopoderoso.
Yo, el Señor, declaro esto acerca del rey de Asiria: ‘No entrará en esta ciudad, ni lanzará contra ella una sola flecha. No se enfrentará a ella con escudos, ni construirá contra ella una rampa de asalto. Volverá por el mismo camino que vino; ¡en esta ciudad no entrará! Yo, Jehová, lo afirmo. Por mi causa, y por consideración a mis siervos, defenderé esta ciudad y la salvaré.
Toda la ciudad escuchó estas palabras y oraciones de gratitudes brotaron espontáneamente de todas las bocas, aún de aquellos que hasta hace poco tiempo no creían en Jehová. La alegría se veía en los rostros de todos, y lagrimas se vertían por la emoción. Y aunque todavía estábamos asediados, todo el pueblo cantó un himno de victoria. Y cuando cayó la noche, no hubo guardia más que la normal en tiempo de paz. Todo el mundo fue a disfrutar de sus familias y aunque todavía estábamos asediados nos dimos el lujo de disfrutar una cena de festejo pro lo que haría Jehová por nosotros.
Esto no me vas a creer, pero créelo; a la mañana siguiente cuando subí a la muralla no lo podía creer; el campamento de los asirios había sido abandonado y estaba lleno de cadáveres, como si hubieran sido atacados por algo o alguien sumamente poderoso, los que habían sobrevivido salieron huyendo y estaba lleno de comida, porque huyeron con miedo ¡Dios había hecho un milagro!
Por eso te digo mi amigo/a, que el dios de Ezequías es muy distinto a los otros dioses; ahora es mi dios personal, y no adoro a otro, sea persona, animal, cosa o lo que sea; mis problemas solos los remito a Él. ...y claro que después de eso no hubo ninguno en Jerusalén que dude que Jehová es dios, que es bueno y que es justo. Pensalo en hacerlo tu dios también y hacé como Ezequías que todo le confiaba a él.
Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, y volvió a Nínive, donde se quedó. Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y huyeron a tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esarhadón su hijo. (2 Reyes 19:35-37)
En el año 731 AC el rey asirio Senaquerib invadió Judá pero es un misterio arqueológico e hisotrico el porqué no tomó con su poderoso ejército a Jerusalén si pudo conquistar fortalezas más fuertes como Laquis y Hebrón, que eran las principales fortalezas del país y ciudades más fortificadas como Babilonia. Para más información consultar el aritculo de wikipedia:
miércoles, 9 de enero de 2008
INCLINÓ LOS CIELOS Y DESCENDIÓ
Y había densas tinieblas debajo de sus pies.
Salmos 18:9
Me llamó mucho la atención este versículo porque dice que Dios descendió, que inclinó los cielos y bajó a la tierra. Meditando en este pasaje, me surgieron dos propuestas para explicarlo y aplicarlo a mi vida personal, y es eso lo que quiero compartir en este momento contigo.
La primera, la obvia, la lógica y la implícita; es que Dios dejó los cielos para ocuparse de los problemas de un vil mortal; después de todo, no es acaso lo que indica el contexto sugiere. Todo el capitulo 22 de 2 Samuel trata sobre el poder de Dios para salvar a David de sus enemigos y sobre las bendiciones que derrama sobre su vida.
El versículo 1 dice que David cantó este salmo “el día que Jehová le había librado de la mano de todos sus enemigos, y de la mano de Saúl.” Realmente Saúl le había hecho imposible la vida a David, pero Dios había intervenido de forma poderosa para librarlo de Él. Recuerdo varias veces en que Saúl estaba apunto de matar a David, y sino fuera porque Dios intervino seguramente David nunca hubiera llegado a ser rey. En especial recuerdo la vez en que Saúl le tiró una lanza, ¡Lo quería dejar como cuadro en el palacio! David estaba tocando el arpa para Saúl, pero éste que no estaba en sus cabales, le arrojó una lanza de la bronca que le tenía (1 Samuel 18:10-11). Yo veo que Dios lo cuidó a David en esta vuelta, porque Saúl, a pesar de no estar bien de la cabeza, era un tipo instruido militarmente; en teoría, al ser el rey, Saúl era el más robusto, fuerte y mejor preparado para la guerra; y si estaba tan bien capaz, y si estaba en el mismo cuarto, yo no veo como pudo haberle fallado. Algunos me dirán que vea un partido de futbol, nunca falta alguien que esté frente al arco sin arquero y que manda la pelota por encima del travesaño; bueno, pero eso solo pasa en el futbol, no en lanzamiento con jabalina. De todas formas, eran muy pocas las posibilidades que tenía Saúl para errarle, pero estoy seguro que esto es obra de Dios (1 Samuel 18:12).
Y desde entonces David se la pasó huyendo de Saúl; como si fuera el juego del gato y el ratón, donde sino fuera por Dios, el gato se comía al ratón. David pasó mucho tiempo de su vid huyendo de Saúl en el desierto, escondido entre las rocas. Por eso David “Dijo: Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador” (2 Samuel 22:2 ). David sabía que cuando apeligraba su vida podía venir y refugiarse en la Roca, en Dios su protector.
David podía confiar en un Dios poderoso que cuidaba de su vida y era la idea exaltarlo con este salmo. Creo que la siguiente compilación de versículos del capítulo reflejan muy bien la idea que quiere resaltar el salmista:
En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios;
El oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó a sus oídos.
E inclinó los cielos, y descendió; Y había tinieblas debajo de sus pies.
Por el resplandor de su presencia se encendieron carbones ardientes.
Y tronó desde los cielos Jehová, Y el Altísimo dio su voz;
Envió sus saetas, y los dispersó; Y lanzó relámpagos, y los destruyó.
Contigo desbarataré ejércitos, Y con mi Dios asaltaré muros.
2 Samuel 22:7, 10, 13, 14, 15, 30
Sin embargo, esa noche no fue esto lo que me llamó la atención, no porque no fuera real, sino por la forma en que lo interpreté, y eso es la segunda forma de explicar este texto: Dios viniendo a la tierra, pero en tinieblas. Se que algo que se despega mucho del texto, pero es más conmovedor y más real. Cuando leí el versículo 9, me dije a mi mismo: “esto es una descripción perfecta de lo que hizo Jesús”. Jesús es el Cristo, el prometido, el Mesías; Jesús es también Jehová, es también Dios (Juan 1:1). Jesús, Dios el Hijo “Inclinó los cielos, y descendió”. Jesús dejó su trono en los cielos, su lugar de privilegio celestial y vino a morar con nosotros, y tomó forma de hombre y vino a morir para mostrarnos cuanto nos ama; cuando Jesús dejó su gloria divina “había densas tinieblas debajo de sus pies”, porque se revisitó de humanidad. Por eso podemos llamarlo “hermano”, porque es igual a nosotros, y eso es algo que me emociona; saber que mi Dios, mi Creador, tomó mi forma, mis debilidades, y las clavó en una cruz, para que por su muerte, yo no muera eternamente; eso es salvación, una vida para disfrutar al lado de Dios.
Debo admitir que causará cierta confusión mi conclusión: Pero ambas interpretaciones son lo mismo porque son complementarias. La primera, me ofrece un Dios todopoderoso que se digna a auxiliar a sus dependientes; la segunda; un Dios que se encarnó por amor, encarnación que terminó en su muerte y en mi vida. Por esta razón yo cometí el error de separar ambas cosas; Dios está preocupado por ayudarte en esta Tierra, Él está interesado en tu bienestar integral (físico, mental, emocional, social, familiar, académico, en todo; incluyendo económico, sexual y deportivo). Dios quiere una vida plena para todos sus hijos ya, ahora, en esta tierra; pero está más interesado en tu bienestar eterno; el lugar donde vas a estar para siempre, con Él o sin Él, el quiere hacer que tu vida valga la pena, ¿le darás la oportunidad?
jueves, 4 de octubre de 2007
ABANA, FARFAR Y JORDAN
El que obra salvación en medio de la tierra. Salmos 74:12
Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso.
Y de Siria habían salido bandas armadas, y habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual servía a la mujer de Naamán. Ésta dijo a su señora: «Si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra.»
Entrando Naamán a su señor, le relató diciendo: «Así y así ha dicho una muchacha que es de la tierra de Israel». Y le dijo el rey de Siria: «Anda, ve, y yo enviaré cartas al rey de Israel.»
Salió, pues, él, llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos. Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: “Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra.”
Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: «¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Considerad ahora, y ved cómo busca ocasión contra mí.»
Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey: «¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.»
Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: «Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.»
Y Naamán se fue enojado, diciendo: «He aquí yo decía para mí: Saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra. Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio?» Y se volvió, y se fue enojado. Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?
Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio. Y volvió al varón de Dios, él y toda su compañía, y se puso delante de él, y dijo: «He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel. Te ruego que recibas algún presente de tu siervo.»
Mas él dijo: «Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré» Y le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso.
Entonces Naamán dijo: «Te ruego, pues, ¿de esta tierra no se dará a tu siervo la carga de un par de mulas? Porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová.»
2Reyes 5:1-17
La Biblia dice que Naamán era un general muy importante, había logrado muchas victorias militares, que “era muy valeroso” a la hora de la guerra, me imagino a Naamán como todo un líder militar victorioso, que tenía éxito en lo que emprendía, pero que no tenía éxito en su vida. ¿Pero que estoy diciendo? ¿Cómo puede ser? Naamán lo tenía todo, menos felicidad y paz. El gran general no podía acercarse a sus hijos y darles un beso, no podía ni siquiera abrazar a su esposa, no podía recibir un saludo de manos. No podía porque lo que tocara quedaba infectado, y no había cura, así como tampoco tenía cura para él. Jesús lo explica con estas palabras: “Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Marcos 8:36).
Algo que me toca de cerca es el hecho que “por medio de él había dado Jehová salvación a Siria”, él había sido utilizado por Dios para cumplir sus designios en el reino de Siria, pero ahora estaba enfermo. Y esto es una realidad, que Dios puede emplearte, e inclusive que te pueda utilizar para salvar a mucha gente, pero eso no significa que estés “sano”. El mismo Jesús también dijo: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:22-23).
La lepra es un símbolo de pecado; y de hecho ambos tienen mucho en común: en primer lugar, ambos comienzan como una manchita apenas perceptible pero a medida que pasa el tiempo sino se trata termina afectándolo todo, y entre otras cosas, ambas producen dolor agonizante, una el cuerpo, la otra en el corazón pero al fin, ambas terminan en la muerte. Y esto hace de esta una historia fascinante: que todos somos malos y necesitamos ser “sanados”.
Naamán estaba preocupado por la situación. ¡Quien diría que la respuesta a su problema la tenía la sirvienta! Pero fue así, en realidad el resto de la historia se trata de la misma enseñanza; que hay que llevar los problemas donde pueden ser resueltos.
Naamán fue a buscar ayuda en Israel pero se desvió del camino, fue a buscar al rey cuando en realidad tenía que ir junto al varón de Dios, junto al profeta. Era totalmente lógico pensar que, al igual que las otras naciones, el rey podría encargarse la misión imposible. [Podría pensarse que el rey, al ser el elegido por los dioses, tendría sus favores: poderes de toda clase] El rey lo sabía; el cartero no se había equivocado, el destinario era él y la estampilla era el sello real de siria, y para su angustia, frente a él se encontraba un hombre blanco, lleno de lepra con un moño y una tarjeta de envío que decía “sáname” ¿Qué podía hacer él, vil mortal? Nada. Pero el cartero dejó otro rollo, era un memo “¿Por qué has rasgado tus vestidos? Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel.” Dios quería grabar una fuerte impresión en la mente de este general sirio; el poder no es del rey, el poder no es del hombre, ni tampoco de su autoridad; el poder viene sólo de Dios.
Ahora la encomienda era remitida a donde debía ser mandada: al instrumento divino. Después de todo, ¿No había sido ese el consejo de la muchacha?
Ahora Naamán, y toda una delegación de soldados y siervos que estaban a su disposición, habían salido del refinado recinto palaciego y se dirigían al interior del país, a la casa de un humilde siervo de Dios, el cual ni siquiera salió a su encuentro, sino que le dijo que vaya se sumerja siete veces en el río Jordán.
Cuando Naamán escucho la receta médica, se enojó, y mucho. El estaba desconcertado: vino primero junto al rey, que lo atendería con todas las comodidades como lo merecen los altos cargos militares en las negociaciones diplomáticas, pero en vez de eso el rey lo había enviado afuera del palacio, lo envió a la casa (ni siquiera la oficina) del profeta; después Naamán pensó que este lo recibiría en la casa y allí mismo invocaría a Dios, y en un momento sublime lo curaría; pero no, el profeta envió un mensajero (que tenía más pinta de ser un atorrante criado que de ser un mensajero) y sin siquiera hacerlo pasar le dijo que se bañe en tal río y se sanaría. Estaba que ardía (y no de fiebre), estaba furioso y rengando, dijo: “Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel? Si me lavare en ellos, ¿no seré también limpio?” Cuantas veces pasa que imaginamos que Dios por ser así o asa, debería actuar de esta u otra manera; la forma en la que pensó Naamán es como un patrón en la mayoría de las personas, o acaso no piensas que Dios debería actuar de una determinada manera en tu vida, que debiera darte todas las comodidades o producir ciertos sentimientos en tu corazón, y no es así, entonces Dios mintió, falló, rompió con el convenio. Pero cuán a menudo nos olvidamos de que el convenio es que íbamos a seguir a Dios a la manera de Dios, no a la nuestra.
Naamán nunca se hubiera curado de la lepra si no fuera porque sus criados, lo recordaron de esta gran verdad: “Si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio?”. Muchas veces, nosotros somos así, pensamos que si Dios nos pidiera dar la vida por Él lo haríamos, pero a la hora de la verdad, las cosas sencillas no las hacemos, ¿Porqué? Por la falta de fe, porque “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). La fe no es una palabra, es más que una promesa, la fe es sinceridad, es creer sinceramente en Dios, que existe; en su poder, que nada es imposible para Él; en su amor, que me ama profunda y apasionadamente, tanto que provee todo lo que necesito para ser feliz.
Es cierto, Abana y Farfar pueden tener aguas mas limpias que el Jordán, que pueden ser mas cristalinas, son muchos mas caudalosos que el riacho del Jordán, hasta tienen peces mucho más grandes que este arroyuelo; pero sabes que, ahí, en el Jordán, está la promesa de sanación. Esto es fe. Se trata de ir a donde hay que ir, a donde Dios dice que hay que ir.
A lo largo de mi vida he escuchado muchas predicaciones acerca de las 7 sumergidas de Naamán, de cómo se sumergía ansiosamente seis veces y todavía no pasaba nada y sin embargo en la séptima ocurrió un manifiesto milagro. No estoy en contra de estas predicaciones, pero creo que el milagro de la curación de la lepra iba más allá de la sanación física; el mayor milagro en esta historia, ocurrió fuera del agua, cuando Naamán agradecido por el milagro intenta obsequiar todo cuanto traía a Eliseo (el profeta contra quien se había enojado, pocas horas antes), pero como Eliseo, varón de Dios, le rechazó todos los regalos, Naamán le dio a Dios el mayor de todos los presentes que un hombre puede darle al Señor: el corazón. Naamán le dijo al señor me entrego en tus manos, y te seguiré a tu forma, como tu quieres que lo haga “porque de aquí en adelante tu siervo no sacrificará holocausto ni ofrecerá sacrificio a otros dioses, sino a Jehová.”
Sabes, hoy Dios sigue siendo el mismo, su amor y su poder nunca cambian, porque ser eterno es uno de sus principales atributos. Hoy Dios sigue pidiendo que llevemos los problemas donde deben ser llevados, y que no nos preocupemos en la forma, porque eso se remite a Él. Cualquiera sea el mal que te esté afligiendo, porque no lo remites a donde debe ser, al Rey del Universo.
Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo;
El que obra salvación en medio de la tierra.
Salmos 74:12
martes, 25 de septiembre de 2007
LEJOS Y AUTOSUFICIENTE
Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios,
para que él os exalte cuando fuere tiempo. 1 Pedro 5:6
"Yo te conozco, tu eres uno de sus discípulos" le dijo un hombre frente a los guardias "¿Discípulo de quien?" replicó Pedro, "De Jesús, yo te vi en el huerto de los olivos hace un rato, vi cuando le cortaste la oreja a Malco, mi pariente" le dijo el hombre. Entonces Pedro dijo: "Pero, cuantas veces tengo que decirlo, [grosería], juro que no conozco a [adjetivo de insulto] Jesús". Y con otras palabras como esas y con toda clase de juramento e insultos, negó Pedro otra vez; y en seguida cantó el gallo.


